«Siempre he buscado la montaña escondida en un espacio salvaje»

El profesor ourensano Florentino Taín recorrió el mundo para alcanzar cimas de belleza singular

Florentino Taín, en el rocódromo municipal de Os Remedios.
Florentino Taín, en el rocódromo municipal de Os Remedios.

ourense / la voz

El destino puede ser premonitorio, como sucedió en el caso de Florentino Taín Guzmán (Cardona, 1969), un experimentado alpinista y escalador ourensano nacido casi por casualidad a los pies de los Pirineos catalanes: «Mis padres eran maestros y, en aquella época, podían destinarte a cualquier parte del territorio nacional. En principio, mi madre había previsto que yo naciera en Galicia, pero me adelanté al viaje de regreso y nací en Cataluña».

Los progenitores de Tino también vieron con buenos ojos que sus hijos tuvieran pronto un contacto fluido con la naturaleza y, desde pequeños ya fueron entusiastas campistas, a pesar de que por entonces no era fácil para los niños: «En los años setenta, mi hermano y yo ya éramos asiduos en excursiones por distintos rincones del país y a los catorce nos fuimos a acampar a Os Ancares con aquellas mochilas que eran demasiado pesadas para niños como nosotros. Afortunadamente, es algo de lo que más evolucionó con el paso de los años. Hoy con una mochila mucho más liviana, incluido el material de escalada, se puedes pasar un mes sin pisar el asfalto».

Y era solo el principio, porque este inquieto profesor -como sus padres también se dedicó a la docencia- ya se especializó en escalada en roca, alpinismo y esquí de montaña, prácticas que ha desarrollado a lo largo de medio mundo. Algo natural, si tenemos en cuenta sus retos: «Siempre he buscado la montaña escondida, en un espacio salvaje, del que pudiera disfrutar antes de llegar afrontar una escalada de cierto nivel».

Por eso, además del reto deportivo en sí, Taín también busca la belleza en paisajes como los que ya ha transitado en los Alpes, en el norte y el sur de América, en África e incluso en Asia, donde tiene una cuenta pendiente, después de una curiosa anécdota en su primera tentativa de subir al Khan Tengri (7.010 metros), como el propio escalador rememora: «Fuimos el pasado agosto, con la intención de ascenderlo, pero no es fácil moverse por allí, en una zona de Kirguistán cercana a la frontera de Azerbaiyán y la de China, con tres siete miles en poco espacio. Para llegar al campo base, viajamos unos cuatrocientos kilómetros en helicóptero y estábamos esperando a que las condiciones fueran buenas, pero el inglés por allí no era muy fluido y no entendimos que el día 20 recogían el campamento y se marchaban. Así que nos quedamos sin ascensión. De todos modos volveremos, porque aquel sitio era impresionante».

Y así por distintos escenarios del planeta. Una simple conversación con Tino basta para comprobar cómo le sigue fascinando el Monte Cervino, entre Suiza e Italia, o la forma en que le puede sacar punta al Mont Blanc, ascendiendo en solitario por un glaciar antes de incorporarse a la ruta que siguen la mayoría de los alpinistas. O simplemente descubrir vistas como las que se quedaron grabadas en su retina, cuando ascendió al Assiniboine (3.618 metros), en Canadá: «Es poco conocido en España, pero es un destino realmente especial, le llaman el Cervino de las Rocosas y cruzas un parque natural para llegar hasta él, algo parecido a lo que se sucede en el Monte Kenya, otro paisaje inolvidable».

Y aún le queda a Tino en su hoja de ruta, la larga singladura a pie que lo llevó a la cima del Alpamayo peruano: «Es otro entorno realmente singular, en el que caminamos cuatro días seguidos para iniciar la ascensión. En realidad, cuando viajo siempre intento buscar desafíos de este tipo». A eso añade una convicción en la que se muestra vehemente: «El deporte más simple que hay es coger una mochila y pasarse varios días fuera de casa. Por eso deberían facilitar el acceso de las personas a los parques naturales. En Estados Unidos o Canadá lo tienen claro. Aquí, a veces parece que no se pueden pisar».

«La escalada deportiva es ideal para los Juegos»

Aunque el afán de Florentino Taín es el de aplicar sus conocimientos de escalada al plano natural, su inquietud deportiva fue notable desde pequeño: «Además de las acampadas también practiqué halterofilia durante unos diez años. Fui uno de los fundadores de Asesou y disfruto practicando la escalada en el salón que tenemos, porque está bastante bien».

Tino también pasó por el Ártabros coruñés y el Celtas olívico, así como en el Club Alpino Ourensano, otro en el que cuenta con varios compañeros de fatigas. Con vistas al futuro, además de su ambición por encontrar nuevos escenarios en cualquier parte del mundo, anima a los aficionados a fijarse en las pruebas deportivas y en su estreno olímpico en Tokio: «La escalada deportiva es ideal para los Juegos. Ya se ha probado e interesaba al público, incluso en retransmisiones televisivas. Es un deporte urbano que funciona muy bien». Aún así, aclara: «Tampoco es cuestión de que vayamos por todo el mundo marcando rutas deportivas para escalar, pero para hacerlo en las ciudades no está mal».

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