La ourensana de Massachusetts

Brook Hansel compite en las carreras gallegas mientras imparte clases de inglés a niños de distintas edades


OURENSE

«Ya estoy empadronada en Ourense. Es una palabra que me costó aprender a decir, casi tanto como conseguir todos los papeles que me pedían, en el Concello, en la Policía. Muchas oficinas», así lo relata, en su simpático español, con acento, pero de corrido. Es Brook Hansel (Lunenburg, Massachusetts, 1997).

La norteamericana, tras brillar como deportista en el instituto de su pueblo natal, se hizo acreedora a una beca de atletismo en la prestigiosa UMASS, donde se entrenó a gran nivel y compitió en los más prestigiosos torneos universitarios durante cuatro años. Su expediente académico en el estudio de la lengua de Cervantes también le valió para emprender una nueva aventura, esta vez en Galicia: «Conocía Madrid, Granada y los Picos de Europa, así que cuando me dijeron que había ganado una Beca Fullbright no lo dudé y elegí España. Es verdad que me llevé una sorpresa cuando supe que pasaría un año en Ourense, porque la verdad es que no lo conocía, pero en cuanto busqué en Internet y vi que había estos paisajes naturales, ya no podía esperar para llegar aquí».

El viaje de Brook incluía su trabajo como profesora de inglés en el Instituto Otero Pedrayo, donde imparte clases a niños desde el primer curso de la ESO al segundo de Bachillerato. También debía presentar un proyecto para estrechar sus lazos con la sociedad ourensana y pensó de inmediato en su vocación deportiva: «El atletismo siempre me ha dado mucho, para ganar confianza y para desarrollarme como persona, así que propuse la puesta en marcha de un programa para integrar a la mujer en este deporte. Cuando llegué a la ciudad contacté con el Ourense Atletismo y resulta que ya estaban desarrollando un programa para fomentar el atletismo femenino, así que todo era más fácil para socializar con mis nuevos vecinos, no había que crear nada».

Y lo cierto es que a Hansel se le da bien lo de integrarse en una nueva cultura. Cuando ya ha completado los tres primeros meses del año que le toca vivir a orillas del Miño, se mezcla como una habitante más del territorio ourensano. Comenzó a salir de ruta con el grupo Ahora Corro Yo y en el Ourense Atletismo tuvo la oportunidad de seguir trabajando con pesas y recibir los consejos de entrenadores como José Antonio Nóvoa y Alfredo González. Es asidua a las carreras populares de la provincia, donde destaca casi siempre en las primeras posiciones de la categoría sub 23. Incluso bajó de los 41 minutos en la San Martiño y pisó podio en su rango de edad: «Voy a las que puedo y alguna me sirve para conocer sitios tan espectaculares como la plaza del Obradoiro, donde estaba la meta de Santiago. No entreno como lo hacía en los Estados Unidos, porque aquí solo estaré un año y quiero hacer muchas más cosas y conocer esta cultura». Y Brook no quiere perderse nada de lo que le ofrece la ciudad y el más extenso panorama galaico. Está en ello.

La escuela de gaitas es vehículo idóneo para el acercamiento a las tradiciones locales

Resulta evidente que Brook Hansel es un espíritu inquieto y nada más pasar por delante de la Escola Provincial de Gaitas, encontró otro grupo en el que convivir con nuevos amigos ourensanos: «Sentí gran curiosidad cuando oí sonar la gaita. A mí siempre me gustó la música y probé en un coro, con el piano y con el ukelele, así que ahora quiero conocer uno tan tradicional en Galicia».

Y es solo el principio de las peripecias de la americana en territorio ourensano, porque mientras sus padres están a menos treinta grados centígrados y con la nieve hasta las rodillas, en el interior de Massachusetts, su hija menor incluso desafía a la lluvia de estos lares: «Allí no solemos salir de noche, ni encontrarnos tantos amigos por la calle. Además me encanta la comida. Nunca había comido oreja y el pulpo es mi debilidad».

Se define como afortunada al poder conocer los parajes que ya visitó y tiene su agenda repleta de futuros viajes: «Me encantó conocer A Merca y disfruté con los compañeros de atletismo en una excursión que hicimos desde la desembocadura del Miño a Baiona. Ahora me hablaron de una carrera por allí, la Vig-Bay, y no me la quiero perder. El año se me va a hacer corto y la beca no puede prolongarse, pero ya estoy mirando si puedo optar a otra más». Y tampoco se conforma con el bilingüismo, porque no quiere irse de Ourense sin hablar algo más de gallego. Por el momento, ya sabe decir entre risas: «Se chove, que chova».

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