Una vida en el taller mecánico

Manuel Álvarez Gil apunta la clave del éxito de un negocio: «Hay que renovarse o morir»


ourense / la voz

Manuel Álvarez Gil entró en un taller mecánico para trabajar por primera vez con quince años y ahora que está a punto de cumplir los ochenta sigue viviendo el día a día del negocio familiar que abrió su padre al pie del cañón. Desde que Ángel Álvarez Quintela iniciara su andadura profesional en la rúa Ervedelo han cambiado muchas cosas en el sector, en la ciudad y también en el negocio, pero la esencia continúa intacta y la resume Manuel con claridad: «Para que un negocio funcione hay que innovar. Ya se sabe, o renovarse o morir. Un negocio te puede ir bien durante un tiempo pero si mientras funciona no estás pensando en renovar y en estar a la última, al final acabará yéndote mal».

Y hay otra receta, esta tiene que ver más con el aspecto humano, que está convencido de que les ha ayudado a hacerse un nombre reputado en el sector: «Aquí no se oyen gritos. Es fundamental crear un buen ambiente de trabajo y que la gente esté cómoda en el trabajo. Hubo mucha gente que entró con mi padre en el negocio con quince años y que se jubiló en la empresa. Y no hablo ni de uno ni de dos. Casi todos, por algo será. Crear ese vínculo entre empresario y trabajador es para nosotros una prioridad».

La evolución del negocio ha sido constante. Desde la primera ubicación en el número 2 de Ervedelo y el modesto taller que abrió su padre, se pasó a otro más ambicioso en la misma calle de la ciudad que, cuando empezó el negocio familiar, todavía tenía otro nombre. «Hay mucha gente que no lo sabe, pero Ervedelo era la avenida de Francia. Justo el año siguiente al fallecimiento de mi padre nos venimos para el polígono Barreiros». De su infancia recuerda sus primeros pasos en la rúa Colón, en pleno casco histórico, y la pasión que pronto heredó por los coches y la mecánica y que ha sabido transmitir a sus hijos. Los tres toman el relevo del negocio familiar: «Son gente muy trabajadora y dispuesta. Nunca hay que decirles que vengan a trabajar, y esa es una gran virtud». Y aunque añora los años de antaño, también reconoce que los mecánicos ahora llegan al taller mucho más preparados. «Antes la gente cuando venía al taller no sabía ni lo que era un calibra, ahora es distinto y viene con mucha más formación. Les falta la práctica, pero vienen con otra preparación», recuerda.

Cambio radical

Desde que Manuel comenzó a arreglar coches, motos, camiones o lo que se le pusiera por delante, muchas cosas han cambiado en el sector. «Antes se hacían arreglos que ahora serían impensables. Se reparaba todo, llevara el trabajo que llevara», recuerda. Explica que ahora las cosas han cambiado y que ya no se hace todo a mano y que eso ha facilitado muchísimo el trabajo y que, además, muchas piezas se sustituyen por otras nuevas.

Sobre el estado en que se encuentra el sector, Manuel reconoce que desde la famosa crisis las cosas no han vuelto a ser como antes: «La gente se lo piensa mucho más».

Quién es. Manuel Álvarez Gil tiene 79 años.

A qué se dedica. Empresario y presidente de la asociación de talleres mecánicos en Ourense.

Su rincón. El número 2 de la calle Ervedelo, donde su padre abrió el primer taller y donde él comenzó a trabajar.

«Trabajar con mi padre era un gusto. En cada rincón al que iba era muy querido»

Manuel no puede evitar emocionarse cuando recuerda a su padre. Él fue quien le inculcó la pasión por la mecánica y la que le ha llevado a ser el presidente de la asociación del sector en la provincia (Atave). «Trabajar con mi padre era un gusto. En cada rincón de Ourense al que iba era muy querido», explica. A su padre, Ángel, también le recuerda en la etapa que colaboraba con un referente empresarial en el mundo del motor en España. «Mi padre realizaba prácticas y ensayos con Eduardo Barreiros, que tenía una gran perspectiva y mira a donde llegó».

De su labor al frente de Atave, que está a punto de abandonar por un problema de salud, tiene grandes recuerdos por el compañerismo que se vive en el colectivo. Sin embargo, hay un tema que le hace torcer el gesto: «No puede ser que la tercera ciudad de Galicia no tenga una Cámara de Comercio. Es inadmisible que se dejara morir. A mí no me afecta porque nuestra empresa no exporta, pero me duele por esas firmas que quieren estar fuera y ahora para hacer trámites tienen que ir a Tui o a Santiago».

Homenaje

Nada más terminar la charla, Manuel nos conduce a una pequeña sala que está presidida por unos retratos de su padre, que pasados los años continúa dando nombre al negocio. Es el mejor agradecimiento que se le ocurre a un hombre que acaba de ser reconocido por la Confederación Empresarial de Ourense en un emotivo acto, junto a otros cuatro empresarios de renombre de la provincia.

Su arrolladora vitalidad a un paso de cumplir los ochenta, deja claro que todo lo logrado se lo ha ganado a pulso cada día.

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