«El Milenio fue un reto, porque el primer puente de Ourense tiene 2.000 años»

La constructora que levantó la estructura muestra satisfacción por los 18 años de vida de la obra sobre el río Miño


ourense / la voz

«El conselleiro de Política Territorial, José Cuíña, auguró un rápido desarrollo para la provincia ‘gracias ás autovías e obras como esta’». Así rezaba la portada de la edición de Ourense de La Voz de Galicia el 2 de septiembre del año 2001, un día después de la inauguración del Puente del Milenio.

Si la predicción de Cuíña fue certera o no quedaría al juicio de cada uno, pero la infraestructura sobre el río Miño se convirtió con el tiempo en un símbolo de la identidad de la ciudad. Su construcción no fue sencilla y estuvo marcada, en cierta forma, por el temporal de lluvias de diciembre del año 2000, que provocó el desbordamiento del cauce fluvial llegando incluso hasta la N-120.

Ignacio Álvarez, de 41 años y actualmente ingeniero en la empresa que se encargó de los trabajos, OCA (Obras Caminos y Asfaltos), era por aquel entonces un estudiante de Caminos. «Pero me gustaba ver las obras porque llevaba un seguimiento fotográfico de cómo evolucionaba el proyecto del puente», indica. Cuando empezó a trabajar en OCA, recogió todas las vivencias de las personas que tomaron parte en el mismo.

Del boceto inicial al desenlace hubo una transformación del Puente del Milenio sobre la marcha. El diseño lo realizó el arquitecto madrileño Álvaro Varela de Ugarte, y la idea surgió estando al otro lado del mundo. «Me entero del concurso mientras estoy viviendo en Tokio. Y me presenté junto a un pakistaní, Syed, que participó en la confección de los primeros pasos», cuenta. Pero su compañero se fue a vivir a Canadá y Varela desarrolló finalmente la idea con el estudio madrileño Pondio, donde realizaron los cálculos estructurales. Varela de Ugarte imaginó el puente en su cabeza basándose en dos conceptos orientales: la ligereza; y por otro lado, que la pasarela no fuese un sitio de paso, sino un lugar para contemplar el paraje. «De ahí que tenga ese mirador para ver el río y la ciudad desde distintos puntos», señala.

Ignacio Álvarez recuerda que hubo modificaciones en el plano que ganó el concurso «porque el planteamiento era que el puente, hasta que estaba totalmente acabado, no aguantaba por sí mismo, pero el proyecto estaba bien ideado».

Las fuertes lluvias a finales del año 2000 fueron la prueba de fuego definitiva. «Por el miedo a las inundaciones, la constructora y la dirección de obra propusieron avanzar antes en la fase para que el soporte de los puentes aguantase la estructura», dice Álvarez. Y se consiguió. «La manera de ejecutarlo fue un acierto, porque en cualquier obra pública es difícil anticipar estas cosas», agrega el ingeniero.

Las gaviotas sobre el río

Álvaro Varela de Ugarte recuerda qué vino a su cabeza cuando llegó a Ourense para presentar su diseño en el concurso. «Me vine en un tren y llegué a las cinco de la mañana. Mientras iba caminando hacia el otro lado del río, pasé por el Puente Nuevo y vi unas gaviotas. Me pregunté: ‘¿Qué hacen allí?’. Y me sorprendió mucho, así que al presentar el proyecto ante el jurado lo identificamos con las propias gaviotas», rememora. Sin embargo, hubo quien vio un guiño al Partido Popular. «Hay quien identificó el puente con la gaviota del PP, pero no tenía nada que ver. Y la gente no se lo cree, pero es la realidad», dice Varela.

Los recuerdos de Roberto

El Puente del Milenio también lleva una firma con el apellido Rodríguez. Roberto es el hijo de José Rodríguez, presidente y fundador de la compañía Oca. El vástago es ahora el vicepresidente ejecutivo de la empresa.

Para él, se trató de uno de sus primeros pasos en el panorama laboral. «Recuerdo la obra con gran cariño, porque mi padre, José, gestionó personalmente la realización del Puente del Milenio. Yo acababa de incorporarme a la empresa cuando se abrió al público el puente. Fue mi primera asistencia a una inauguración de OCA», cuenta.

El diseño de Varela se alzó entre otras propuestas que no llegaron a conectar con los examinadores. Roberto Rodríguez mantiene su aprobación al que fue, finalmente, el proyecto elegido. «Por lo que sé, ninguno de los proyectos presentados seguía un patrón o una instrucción concreta de estilo. Lo bonito de su ejecución es su singularidad, la genuina solución que se ha dado a la mezcla de automóviles y peatones, su luz y su estampa. No fue una ejecución fácil, pero el resultado es un verdadero icono para la ciudad», opina.

Rodríguez admite que no fue fácil. La influencia del río llegó a preocuparles, porque no veían claro si se podrían realizar los trabajos sin inconvenientes por el camino. «Tuvimos el peor año de lluvias y riadas que se recuerda en Ourense, justo cuando la construcción estaba incipiente. Ese año las avenidas del río fueron extraordinarias y el puente aún no estaba apuntalado. Tuvimos que improvisar soluciones para asegurar la obra. Lo conseguimos, aunque en algún momento temimos que la crecida del río se llevara una parte de la obra por delante», dice.

Tras 18 años de vida, Rodríguez mira atrás y hace balance de la mayoría de edad del puente: «Fue un desafío para nosotros construir el sexto puente de Ourense, también porque es una obra con la que te vas a reencontrar durante toda tu vida. Pero sobre todo, fue un reto construirlo en una ciudad milenaria, en la que el primer puente tiene 2.000 años», concluye.

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«El Milenio fue un reto, porque el primer puente de Ourense tiene 2.000 años»