«Pegoume coa sartén ata que cansou», relata la víctima de una brutal agresión

El acusado, juzgado por querer matar a su mujer, niega los cargos y dice que ella miente


ourense / la voz

El año 2017 empezó de la peor forma posible para una vecina de Portugal que había ido a Castrelo do Val a pasar la Navidad con su marido. En la mañana del 3 de enero la mujer ingresó en urgencias del hospital de Verín con varias heridas en la cabeza. En presencia de su marido, ambos dijeron a los médicos que ella se había caído pero más tarde, cuando la mujer estaba sola con una cirujana, se sinceró. Relató que su marido la había agredido la noche anterior, en la vivienda, y que tras golpearla brutalmente con una sartén la había dejado desangrándose toda la noche, hasta que al día siguiente accedió a llevarla al médico con la condición de que no dijera la verdad.

Este jueves, en la sala de vistas de la Audiencia provincial, la víctima mantuvo aquellas declaraciones que llevaron a que aquel mismo 3 de enero su marido fuera detenido y posteriormente acusado de un delito de homicidio o asesinato en grado de tentativa. La víctima relató que el 2 de enero discutió con su marido porque él no quería ir a comprarle sus medicinas, y que sobre las ocho de la tarde, cuando ella estaba en la cocina, la atacó de forma sorpresiva. «Colleume polo pelo, por detrás, e golpeoume contra a pedra da cociña», relató. Ella le pidió que parara, pero en lugar de ello el agresor le tapó la boca y la tiró al suelo, colocándose sobre su espalda y gritándole que la iba a matar. Ahí vino lo peor. Abrió la puerta del horno y cogió una sartén, con la que según la víctima la golpeó en repetidas ocasiones en la cabeza. «Pegoume sete ou oito veces, ata que cansou e marchou para a cama. Eu quedei no chan, como morta, sangrando moito pola cabeza», explicó ante el tribunal visiblemente nerviosa. Tras acostarse el marido, y apagar la luz de la habitación, la mujer se arrastró por el suelo, intentando salir de la casa, pero no pudo porque todo estaba cerrado y no tenía llaves de una vivienda de cuya existencia había sabido una semana antes, cuando llegó con su marido de Portugal. Él había comprado una vieja casa sin consultarlo con ella y le propuso ir a pasar allí una semana, los dos solos.

Tras la agresión la víctima pudo llegar hasta la cama. «Tiña tanto frío que arrastreime e tapeime; díxenlle que ía a morrer, pero el durmiuse». Pasaron las horas y, cuando se hizo de día Joao O. A. se levantó y se acercó hasta su mujer. Ella recuerda que le cerró los ojos con sus manos, pero cuando la mujer los abrió pareció sorprenderse de que siguiera respirando. «Con todo ese sangue que hai aí, e ti non estas morta, non pode ser», contó la víctima que le dijo su esposo, quien a continuación habría abierto la ventana gritando «que vou facer da miña vida, agora non podo fuxir». Ella le suplicó que la llevara al hospital y él se negó en varias ocasiones, diciéndole que nunca más iba a ver a sus hijos, pero luego accedió, a cambio de que ella mintiera.

Nada de esto, sin embargo, fue reconocido por el acusado, el primero en declarar. Joao O. A., que está en prisión desde estos hechos, relató su versión de los hechos con algunas dificultades, por sus problemas de oído y sus dificultades para expresarse en castellano, lo que hizo necesaria la presencia de una traductora de portugués. Aseguró que aquel 2 de enero él estaba en el dormitorio y que cuando fue a la cocina vio a su mujer tirada en el suelo, junto a una bombona. Intentó ayudarla a levantarse, dijo, pero dado que padece esclerosis múltiple y sufre muchos dolores, apenas pudo y fue ella la que se levantó sola. Se acostaron en la cama y quedaron en ir al día siguiente al médico porque la víctima, según él, tenía una pequeña herida en la frente. «Ella miente, no sé porqué miente tanto», insistió en varias ocasiones, negando haberle quitado el móvil en el hospital para que no pudiera la víctima llamar a su hijo. La vista continúa este jueves.

La esclerosis no ha afectado a la fuerza del acusado en los brazos, según dijo una médica

Los agentes de la Guardia Civil que declararon por estos hechos en la sala de vistas de la Audiencia provincial explicaron que cuando hicieron una inspección ocular en la vivienda, después de que la mujer contara que su marido la había agredido brutalmente con una sartén, y encontraron numerosos rastros de sangre que parecen coincidir con su versión. Así, aseguraron que había una mancha grande en la encimera de la cocina y también en el suelo, así como restos de arrastre y una huella en la pared de la habitación. También había restos en la almohada y en la ropa del acusado, que encontraron tirada en una esquina del dormitorio.

Varios profesionales médicos prestaron testimonio, propuestos por la defensa, para explicar los efectos que provoca en el acusado el hecho que haber sido diagnosticado, hace ya una década, de esclerosis múltiple. Aclararon que desde hace tiempo Joao A. O. utiliza muleta porque ha ido perdiendo movilidad en las piernas, si bien una de las médicas que declaró dejó claro que la enfermedad no le ha afectado a los brazos, en los que mantiene la fuerza normal.

Aunque este jueves será el momento de las conclusiones definitivas, por ahora las tres partes personadas en este caso hacen una calificación distinta de los hechos. La Fiscalía de Ourense ve lo ocurrido como un homicidio en grado de tentativa y pide diez años de cárcel. La acusación particular los califica de asesinato intentado y reclama trece, mientras que la defensa pide la absolución o, en su caso, la imposición de una pena mínima.

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