El tío de Miguel Ángel Blanco: «Non pasa unha semana sen que veña alguén a deixar flores no cemiterio»

Miguel Ascón Belver
miguel ascón OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Santi M. Amil

El recuerdo del concejal asesinado por ETA sigue muy presente para su familia de A Merca

17 nov 2019 . Actualizado a las 19:17 h.

El secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido en el año 1997 generó una inmensa conmoción en la sociedad española y marcó un antes y un después en la historia de la banda terrorista ETA. El recuerdo de aquellas fechas permanece imborrable en la memoria de todos los que entonces tenían la edad suficiente para comprender lo que estaba ocurriendo, pero es especialmente doloroso para sus familiares ourensanos. Los restos de Miguel Ángel fueron trasladados discretamente al cementerio de Faramontaos, en A Merca, en el año 2007. Allí vive su tío materno, Aurelio Garrido, junto a su mujer, Pacita Vaquero.

Reciben a La Voz de Galicia en su casa y en la mesa tienen una de las características «txapelas» rojas que usan los policías vascos. La acaban de traer. Un ertzaina la dejó como ofrenda sobre la tumba de Miguel Ángel junto a una corona. «Non pasa unha semana sen que veña alguén a deixar flores no cemiterio», explica su tío, que dice que también dejan cartas. Sobre todo en verano aparecen mensajes -siempre cariñosos- de gente que visita su tumba desde distintos lugares del país, pero también desde el extranjero. «Despois de tantos anos hai moitísima xente que o segue tendo presente», destaca Aurelio.

Muchas visitas

Miguel Ángel nació en Ermua, pero estaba muy unido a la tierra de sus padres. Él y su hermana Marimar tenían una edad similar a la de sus primas, las hijas de Aurelio y Pacita. Estaban muy unidos. Venían siempre que podían, «pero sobre todo el», cuentan sus tíos. «Sempre que había unha ponte estaba aquí. Poñía uns vaqueiros e uns deportivos vellos e ía ao monte. Encantáballe isto. Algunha vez viña so por dous ou tres días e eu preguntáballe: ¿Pero váleche a pena? E el dicía: «Cuando vuelvo allí, llego nuevo», explica su tía. Era muy sociable y tenía gran relación con los jóvenes de la zona. «Todos se acordan del na parroquia. Queríano moito», relata Aurelio, que recuerda que Miguel Ángel tocaba la batería y, cuando había fiestas en algún pueblo del entorno, buscaba el modo de unirse a los músicos por un rato.