El tío de Miguel Ángel Blanco: «Non pasa unha semana sen que veña alguén a deixar flores no cemiterio»

El recuerdo del concejal asesinado por ETA sigue muy presente para su familia de A Merca


OURENSE / LA VOZ

El secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido en el año 1997 generó una inmensa conmoción en la sociedad española y marcó un antes y un después en la historia de la banda terrorista ETA. El recuerdo de aquellas fechas permanece imborrable en la memoria de todos los que entonces tenían la edad suficiente para comprender lo que estaba ocurriendo, pero es especialmente doloroso para sus familiares ourensanos. Los restos de Miguel Ángel fueron trasladados discretamente al cementerio de Faramontaos, en A Merca, en el año 2007. Allí vive su tío materno, Aurelio Garrido, junto a su mujer, Pacita Vaquero.

Reciben a La Voz de Galicia en su casa y en la mesa tienen una de las características «txapelas» rojas que usan los policías vascos. La acaban de traer. Un ertzaina la dejó como ofrenda sobre la tumba de Miguel Ángel junto a una corona. «Non pasa unha semana sen que veña alguén a deixar flores no cemiterio», explica su tío, que dice que también dejan cartas. Sobre todo en verano aparecen mensajes -siempre cariñosos- de gente que visita su tumba desde distintos lugares del país, pero también desde el extranjero. «Despois de tantos anos hai moitísima xente que o segue tendo presente», destaca Aurelio.

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Miguel Ángel Blanco descansa en el rincón gallego en el que pasó su infancia Diez años después de su asesinato, la familia trajo sus restos a A Merca. En el homenaje que se le ha realizado hoy en el Ayuntamiento de Madrid se ha abucheado a Manuela Carmena

Muchas visitas

Miguel Ángel nació en Ermua, pero estaba muy unido a la tierra de sus padres. Él y su hermana Marimar tenían una edad similar a la de sus primas, las hijas de Aurelio y Pacita. Estaban muy unidos. Venían siempre que podían, «pero sobre todo el», cuentan sus tíos. «Sempre que había unha ponte estaba aquí. Poñía uns vaqueiros e uns deportivos vellos e ía ao monte. Encantáballe isto. Algunha vez viña so por dous ou tres días e eu preguntáballe: ¿Pero váleche a pena? E el dicía: «Cuando vuelvo allí, llego nuevo», explica su tía. Era muy sociable y tenía gran relación con los jóvenes de la zona. «Todos se acordan del na parroquia. Queríano moito», relata Aurelio, que recuerda que Miguel Ángel tocaba la batería y, cuando había fiestas en algún pueblo del entorno, buscaba el modo de unirse a los músicos por un rato.

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Así fueron las 48 horas de secuestro de Miguel Ángel Blanco Así vivió nuestro país las 48 horas que precedieron a su muerte y que supusieron el principio del fin de ETA

Cuando estaba en Faramontaos, hablaba poco de política. De hecho, al principio les ocultó a sus tíos que había sido elegido concejal del Partido Popular. Cuando se enteraron, le preguntaron si no tenía miedo. Hay que recordar que asumir esa exposición pública, con ETA secuestrando y asesinando, era todo un acto de valentía. «El dicía que non tiña inimigos, que so quería axudar para facer cousas boas polo pobo. El estaba obsesionado cun pabellón deportivo para que os rapaces non foran por malos camiños. Non se metía con ninguén e non desconfiaba de nada», cuenta Aurelio, que recuerda que Miguel Ángel conocía, por su trabajo en una gestoría, a uno de los implicados en su secuestro.

Fatal desenlace

La banda terrorista había fijado su diana sobre él. Cuando se supo que había sido secuestrado, al principio sus tíos confiaban en que fuese algo rápido y simplemente por dinero. Si se pagaba un rescate, acabaría siendo liberado sin mayor problema, creían. Pero, como bien es sabido, esos no eran los planes de ETA, que exigía el acercamiento de los presos vascos a las prisiones de Euskadi. El desenlace es más que conocido y lo ocurrido tuvo un impacto especialmente doloroso para las primas de Miguel Ángel. Una de ellas se desplazó al País Vasco cuando pasó todo y vivió momentos muy duros. Pacita llegó a cuestionarse su fe y se emociona al recordar el sufrimiento que tuvo que pasar su sobrino durante su cautiverio y ejecución. Aurelio lamenta, además, que el Gobierno de entonces no fuese capaz de encontrar una solución: «A rabia que nos deu foi que Aznar non fixese nada».

Existe un consenso generalizado en la idea de que el asesinato de Miguel Ángel marcó un antes y un después en la historia de ETA. El apoyo social que aún podía tener la banda se vio claramente debilitado. Cientos de manifestaciones, también en el País Vasco, pidieron su liberación. En Ourense hubo grandes movilizaciones que protagonizaron las portadas de La Voz de Galicia en aquellas fechas. Más tarde, el cerco de las fuerzas de seguridad en torno a los terroristas se fue estrechando y ETA acabó anunciando el abandono de la lucha armada en el año 2011. «Entonces non o creiamos, pero despois viuse que si», cuenta Aurelio.

Monumento

Años después de todo lo ocurrido con Miguel Ángel, en Faramontaos se levantó un monumento en su honor y a lo largo de los años se han organizado varios homenajes, algunos de ellos con la presencia de su hermana Marimar Blanco, que ha tenido una intensa carrera política y que llegó a ser diputada. En uno de esos últimos actos estuvieron presentes los defensores del pueblo autonómicos. El estatal, Francisco Fernández Marugán, destacó que los valores de «libertad y pluralidad» que defendía Miguel Ángel ayudaron a derrotar al terrorismo etarra. Aurelio espera que dentro de tres años, con motivo del 25 aniversario de su muerte, vuelva a ponerse en valor la memoria de su sobrino, cuyo nombre ya forma parte de la historia reciente de España.

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