«Cuando padeces una diabetes, el primer paso es conocerte a ti mismo»

Ana Rodríguez, una joven ourensana que sufre la patología desde niña, usa un sensor para medir su nivel de azúcar


ourense / la voz

«Hace unos días, una futbolista mexicana falleció por una hipoglucemia», comenta José Rodríguez. La noticia, que saltó el charco hacia Europa, llamó su atención porque su hija Ana, una ourensana de 17 años, padece diabetes. Lo sabe y se trata de ella desde los cuatro, cuando su madre -también llamada Ana y enfermera en el CHUO- sospechó de sus síntomas.

«Fue en el 2006. Bebía mucho y precisaba ir al baño constantemente, de forma excesiva. Y yo apenas me acuerdo porque era una niña, pero estaba más excitada de lo normal», dice la joven. Su vida diaria, a ojos de la mayoría, podría parecer la normal. Hasta que llega el momento de abrir su estuche con la insulina o cuando, en mitad de la noche con sus amigos, decide parar de bailar para dosificar sus esfuerzos.

«Tienes que tener un autocontrol o gente de tu entorno que te ayude. Es triste tener que frenar a veces y no poder hacer algo porque tu nivel de azúcar no sea el normal, pero te acabas acostumbrando», explica. Practica la equitación desde los nueve años en el Centro Equus, situado en Vilamarín.

Pero salir a competir, tarea que ya exige una preparación física y mental de por sí, puede torcerse en cualquier momento. Los nervios influyen, y ella sabe que serán sus sensaciones las que dicten sentencia. «Tanto por los bajones como por las subidas, el ejercicio me repercute», determina Ana. «A lo mejor estás sobre la montura, y de repente no puedes», dice su madre.

El momento de la detección

Ana Pérez explica que, recientemente, en el Hospital Universitario, llegó un adolescente al que se le diagnosticó la enfermedad. La edad es un factor importante a la hora de asumir a qué se enfrenta el afectado. Y los niños, quizá por su inocencia, suelen digerirlo mejor. «Cuando son más jóvenes, lo llevan mejor. Y después se trata de trabajar para que seas como los demás», dice.

La personalidad y la forma de afrontar las dificultades son un vértice clave en este aspecto. «Cuando ocurre en edades más avanzadas, normalmente hay un rechazo importante al saber que tendrán que pincharse a menudo», explica su madre. Suelen ser tres veces al día, siempre antes de las comidas, pero la cifra final depende del propio cuerpo porque es el que emite las respuestas para avisar a Ana de cuándo necesitará su insulina.

«Conocerse a sí mismo es el primer paso, pero hay carencia de gente que te pueda asesorar», avisa la madre de Ana. Ella recuerda que, durante la infancia de su hija, trampeaba en cierta forma la distribución del plato con las golosinas para que los demás y la propia pequeña no notasen la diferencia. «Le racionabas las nubes, le colabas por ahí algún que otro gusanito... Intentabas que no viese cambios con respecto a sus amigos», detalla.

Ahora, Ana se muestra segura sobre qué debe hacer cuando se acerca un pico. Ha aprendido a medir los momentos. E incluso así, el estado de ánimo se resiente porque la diabetes afecta a las emociones. «Piensas en las decisiones que tendrás que asumir en el día y, a mayores, sabes que deberás tomar otras en función de la enfermedad. Mis niveles de azúcar pueden provocar que esté más cansada o agotada. Y los exámenes, acentuarlo», explica.

Convivir con un sensor

Ana, que ahora cursa segundo de Bachillerato y recibe clases particulares en una academia para afrontar su último año en el instituto, guarda bajo su jersey un sensor automático con un tubo intercapilar que, al acercar su teléfono móvil, estima los niveles de azúcar en el momento. Hasta este año, comprar ese sensor cada quince días suponía a su familia pagar 62 euros. Ahora, es gratuito para los menores de edad. Pero lo principal sigue siendo manejar la cabeza, la ansiedad del momento. «Debes saber cómo reacciona tu cuerpo», advierte.

La edad es un factor importante a la hora de asumir a qué se enfrenta el afectado

Hasta este año, la compra del sensor suponía 62 euros y ahora es gratuito para los menores

La Federación de Diabetes calcula que casi 14.000 ourensanos sufren la enfermedad

El CHUO atiende a casi 100 afectados por diabetes de forma diaria. Siete endocrinos del Hospital Universitario asesoran y tratan a los pacientes en lo referente a qué dietas seguir y qué ejercicios les convienen, pero la cifra de enfermos sin diagnosticar podría ser más elevada de la recogida por el área sanitaria.

Desde la Federación Española de Diabetes calculan que en la provincia hay casi 14.000 ourensanos con diabetes, muchas de las cuales estarían sin tratar por falta de análisis concluyente. Paz Gómez del Valle, que dirige la Asociación Auria, cifra en 180 los miembros que colaboran en su organización para empujar en lo referente a tareas de difusión, pero parte del problema va indisolublemente ligado a la pirámide demográfica de la región.

Concha Bande, recientemente jubilada tras casi toda una vida en la Consulta de Educación Diabetolóxica del CHUO, calcula que «en Ourense, por tratarse de una ciudad envejecida, hay cerca de un 20 % de afectados por diabetes de tipo dos». Es decir, los que se tratan con pastilla. Pero el reto no es únicamente tener una cifra exacta, sino que el mensaje sobre cómo cuidarse cale entre ellos. «Influye mucho el objetivo que se marque la persona con diabetes, porque un problema con el azúcar puede derivar en afectaciones de la vista o el riñón», avisa.

Para evitar llegar a ese extremo, Bande insta a «estar en un punto óptimo de control del propio cuerpo». Y explica una receta que, a priori, podría parecer sencilla. No lo es: «El paciente debe aprender a controlar, por ejemplo, la cantidad de hidratos de carbono en la comida. Hay que pelear mucho, y en el día a día hablamos de gente que está luchando siempre. Porque si no lo tratan bien, pueden perder el conocimiento».

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