La lluvia no apaga el fuego de los magostos

Pequeños grupos de ourensanos subieron a Montealegre pese a que el cielo no dio tregua


ourense / la voz

A lo lejos, entre los matorrales y arboleda en Montealegre, se elevaban algunas columnas de humo. No eran demasiadas porque la lluvia quiso apropiarse de la mañana del domingo, pero algunos ourensanos subieron a la zona desde primera hora de la mañana e instalaron algún que otro campamento.

Cuatro de los intrépidos eran Abraham, David, Álex y Elena. Bromean con que cada año, por estas fechas, los fotógrafos van hacia ellos como si tuviesen un imán. Es el tercer otoño consecutivo que aparecen en los periódicos. Y Elena, pese a que viene de Vigo, ya va adquiriendo el estatus de veterana en la fiesta. «Llevo viniendo aquí desde hace tres años», dice. Aún esperaban la llegada de tres amigos más que se han hecho los remolones. Cosas de los domingos y las jornadas de decisión, aunque gran parte de los dilemas de ayer para ir o no a los magostos parecían tener que ver con la previsión meteorológica.

Ellos llegaron a las diez e instalaron bajo una gran lona un pequeño habitáculo que permaneció hasta este lunes. De fondo, sonaba el trap de Don Patricio y, mientras aguardaban a sus compañeros, comían pipas. Las cáscaras fueron a parar a la fogata y parecían un pasatiempo, porque el menú del día era otro. «Hemos traído chorizos criollos, lomo adobado y alitas de pollo. Todo carne», dice Abraham entre risas. Cómo no, había castañas. Un conocido de Abraham le trajo un kilo de ellas recogidas en Cualedro. Pero lo que tampoco faltaba era el vino. «Nos hemos venido con dos botellas», concreta. Aunque había alguna de más graduación para la sobremesa.

De botellas, y generalmente de plástico, estaba plagada la cima de las colinas después de los magostos de la noche anterior. Varios voluntarios recorrían durante la mañana del domingo la zona y constataban que otros años se habían topado con más restos de basura. «Hay menos desperdicios, pero quizá también es porque ha venido menos gente», decía Luis Varela, uno de los allí presentes. Las batidas para mitigar el impacto de los magostos en los montes continuaron durante la tarde con el relevo tomado por los miembros de la asociación Amigos da Terra. Sin embargo, el efecto de las precipitaciones no ayudó demasiado. Tapones, cascos de cerveza rotos y bolsas de plástico quedaban semienterrados en las lomas al mezclarse con el lodo.

«Lo que más nos ha sorprendido de lo que hemos encontrado son la cantidad de lonas que deja la gente al marcharse de aquí», decía una de ellas. Aunque no hay mal que por bien no venga: una de estas lonas reposaba durante la mañana del domingo en la cima de Montealegre en forma de paquete y llena de basura, a la espera de ser llevada a la furgoneta de los voluntarios, donde se agolpaban barreños y sacos considerablemente llenos.

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