«Juan Pablo II emocionouse co son da gaita que lle levamos dende Ourense»

Los músicos recuerdan cómo hace 23 años vivieron un hito en su historia


OURENSE / LA VOZ

El 18 de agosto de 1996, el papa Juan Pablo II abrió las puertas de su residencia de Castel Gandolfo (Italia) para recibir a la Real Banda de Gaitas de la Diputación de Ourense. Un hecho que unió para siempre al pontífice con Ourense dando paso a una «historia de amor», como dice Xosé Lois Foxo, director de la Real, que recuerda este hecho como uno de los más importantes de la historia de la formación. Todo empezó, recuerda, un año antes cuando Juan Pablo II vio a través de la RAI cómo los chicos de la Real Banda aguantaban un fuerte vendaval en la praza del Obradoiro, sin inmutarse. Se celebraba el Día Mundial de la Juventud. Quiso conocerlos. «Non quedaba ninguén na praza do Obradoiro, so a Real se mantivo estoicamente. Alguén do Vaticano falou con nós e comezou un trámite moi longo ata que chegou o día», relata Foxo, que todavía guarda como un tesoro la carta que recibió de la Santa Sede con la invitación. «Este momento marcou un antes e un despois para nós», destaca lo que califica como un instante emocional. Y también relata que en ese encuentro conoció a Joseph Ratzinger, cuando todavía era cardenal.

Xosé Lois Foxo habla de varios momentos especiales durante aquel concierto en Castelgandolfo: «O Papa estaba só a uns metros de nós e ás rapazas da Real que estaban sentadas caíanlles as bágoas durante a actuación e Juan Pablo II emocionouse co son da gaita que levamos dende Ourense».

Ellos, los componentes de la Real, eran entonces chicos muy jóvenes, la mayoría menores de edad. Una es Virginia Pérez Sánchez, que fue la encargada de entregarle a Juan Pablo II una gaita de regalo. «Fue muy emocionante estar al lado del papa, viajar a Roma... Recuerdo que él estaba muy delicado de salud y hasta el último momento no sabíamos si iba a poder recibirnos. Parece que el sonido de las gaitas lo animó y bajó a saludarnos. Tuvo un detalle muy bonito, nos regaló a cada uno un rosario», recuerda. Tan emocionado llegaron del viaje que recuerda: «Un compañero besó el suelo como si fuese el papa dijo ‘Venimos del cielo’». Del momento en el que entregó la gaita al pontífice afirma: «Cuando la recibió se emocionó. Para mí también fue importante porque le podía haber tocado a cualquiera incluso a mi hermano que también viajó allí».

Este será un recuerdo que llevará consigo toda la vida. «Pocos días después de volver nos llegaron las fotos con el papa. Mis padres, cuando las vieron en el periódico, estuvieron desbordados de llamadas. En el salón de mi casa todavía está la foto de cuando le entregué la gaita. Preside mi casa. También tengo otra con los Reyes de España. De aquellas nos recibían muy bien. Fueron experiencias inolvidables ¿Qué niños con 13 o 14 años viajaba como nosotros? Hoy no saldría un profesor de una escuela de música con 60 niños a su cargo», dice.

Antón Castro Reyes es otro de esos 60 niños. «O viaxe foi moi emocionante por varias cuestións. Era a primeira vez que faciamos una xira por toda Europa e este era un concerto moi entrañable polo feito de tocar para o papa, hoxe santo». Antón recuerda que él y otros dos alumnos llegaron a Castel Gandolfo con una camiseta que no resultó adecuada. Cosas de la adolescencia. «Eran varios demos facendo posturas do Kamasutra. Eramos xóvenes», ríe. De Juan Pablo II explica: «Era unha persoa moi acolledora, moi sensible e aberta. Ata me pareceu que se emocionaba co son das gaitas. Ao fin ao cabo ese momento márcate. Ata que non estivemos alí non nos dimos conta do fito que suporía para as nosas vidas. Agora trasladado ao tempo dáste conta da importancia que tivo».

Una gira por Europa

Antón Castro relata que aunque ahora no se juntan mucho, ya que la mayoría ya no está en la Real Banda, cuando se reúnen siguen hablando de aquella experiencia, como si hubiese ocurrido el día antes. «

Sempre sae o tema e sempre hai novas anécdotas

». Él recuerda también lo especial de la gira, cómo dormían en el autobús. «

Cando chegamos a Ourense quedamos coa sensación dun traballo ben feito, unha grande satisfacción por mostrar a nosa cultura ao papa, pero tamén a outra xente. Na viaxe xuntámonos moito coa xente da emigración. E iso enche moito

», recuerda.

Xosé Lois Foxo atiende a la conversación con los músicos y afirma con la cabeza. «Nó chegamos a ter cinco encontros con el. Juan Pablo chegou a memorizar que eu era o director», ríe, y explica que el pontífice le dijo que tenía mucho respeto a la Real Banda y a su música. Un ejemplo de esto fue cuando en el Vaticano la formación ourensana se encargó de cerrar un encuentro interpretando Himno de la Alegría, mientras se suponía que Juan Pablo II tenía que abandonar el lugar: «O papa quedouse alí todo o tempo escoitando o tema. E nós seguiamos e seguiamos tocando, non recordo canto tempo, porque nos dixeran que seguiramos mentres se retiraba e non se daba ido. Quería seguir escoitando a música, ata que ao final lle dixeron que tiña que retirarse».

El último encuentro con la banda fue en el 2004. Falleció un año después. «Para nós foi sempre moi emocionante, unha historia de amor co tempo». Los viajes de la Real eran largos, duros, en autobús durante 10 días, con actuaciones en varios países. Pero el de 1996 fue diferente. De ese encuentro nació la Muiñeira de Wojtyla, el gran regalo inmaterial que la Real llevó al pontífice. Un tema que forma parte del repertorio de conciertos por todo el mundo.

«Correspondo reconocido formulando mis mejores votos para que este conjunto musical continúe progresando no solo en el aspecto artístico sino también siendo una verdadera escuela de convivencia y solidaridad, haciendo que sus actividades musicales sean una oportunidad privilegiada para favorecer el diálogo y la amistad entre las personas y los pueblos» dijo el Papa tras el encuentro.

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