«No ano en que abriu, a Tecnópole era algo totalmente novo en Galicia»

El recinto tecnológico superó las dudas iniciales y 27 años después está consolidado


ourense / la voz

En España 1992 será un año recordado por eventos que marcaron un antes y un después como los juegos olímpicos de Barcelona o la Expo de Sevilla. Fueron acontecimientos que provocaron la apertura de infraestructuras e instalaciones que todavía perviven en el tiempo. En ese mismo año, en un rincón de la península también se llevaba a cabo una inauguración de relevancia. En octubre de 1992 se inauguraba la Tecnópole de Galicia, en unas parcelas situadas en el Ayuntamiento de Pereiro de Aguiar: «Parque Tecnológico, un parto difícil». Titulaba a cinco columnas la edición de Ourense de La Voz de Galicia en diciembre de 1992. Y es que el recinto tardó en arrancar. La inauguración presidida por el aquel entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga, no despejó las dudas sobre el futuro de un centro que quería convertirse en un referente de investigación y desarrollo.

Los primeros pasos fueron complicados, en medio de una tormenta política marcada por las presiones desde diferentes puntos de Galicia para que la instalación no fuese la única de estas características en la comunidad y se limitase a un centro provincial. Esas turbulencias iniciales provocaron que pese a su inauguración en octubre de 1992, el primer personal no se contrató en abril de 1993. Una de sus primeras empleadas fue Luisa Pena, que entró con una beca Feuga en junio de 1994. Con el tiempo fue ganando responsabilidad hasta convertirse en la actual directora financiera del Parque Tecnolóxico de Galicia. En determinadas etapas tuvo que asumir el puesto de directora xeral, cuando su director-gerente, Ricardo Capilla, estuvo ejerciendo otros cargos. «No ano en que abriu a Tecnópole era algo totalmente novo en Galicia e que se empezaba a ver noutros puntos do país coa creación dos primeiros parques científicos e tecnolóxicos», explica Luisa Pena.

En aquel momento solo había nueve en la Asociación de Parques Tecnolóxicos de España (APTE) y hoy son más de sesenta. «Os recordos daquela etapa son de orgullo, de saber que non había nada igual. Tiñamos un parque totalmente urbanizado e listo coas mellores infraestruturas para acoller empresas de base tecnolóxica. O ambiente de traballo era moi familiar, entre os que formábamos parte da sociedade xestora, as empresas e o resto de provedores... Hoxe, con máis de 1.500 persoas traballando no recinto, non se pode pretender ter a cercanía e familiaridade dos inicios, pero si buscamos facer comunidade con diferentes actividades», señala Luisa Pena.

Casi tres décadas después del primer día que se levantó la barrera de la Tecnópole son muchos los cambios en un sector tan especializado y que basa su éxito en los continuos avances. De los primeros años todavía se mantienen, sin embargo, empresas como Egatel y Coren, y los centros tecnológicos del Laboratorio Oficial de Metroloxía de Galicia y el CIS Madeira. En todo ese tiempo fueron muchos las variaciones en el recinto, que ha vivido recientemente una nueva ampliación, y también las personas que han pasado para liderar su gestión. Luisa Pena quiere tener un recuerdo especial para Miguel Ángel Pérez Pérez, que fue el primer consejero delegado de la Tecnópole y el que más años estuvo vinculado laboralmente a la sociedad gestora y con dedicación exclusiva. «Contribuiu de forma importante a consolidación do parque nos anos nos que se facía preciso explicar á sociedade, aos empresarios e as institucións o sentido da súa importancia. Había que darse a coñecer e don Miguel, como o chamábamos todos, era un excelente relacións públicas», recuerda.

Tras el 2005 se abrió una etapa diferente, en el que el cargo de consejero delegado pasaba a ser ocupado por los directores de la Dirección Xeral de I+D+i de la Xunta y más recientemente de la Axencia Galega de Innovación. «Este perfil non está tan pegado á realidade diaria da Tecnópole pero a cambio aporta un coñecemento privilexiado do ecosistema de innovación galego e nos facilita o achegamento e o contacto coa Administración», indica la directora financiera.

A la hora de explicar qué la Tecnópole supiera salir adelante de los momentos complejos iniciales y tomara ventaja en el mundo de la innovación con respecto a otros parques, Luisa Pena tiene claro cuál fue la mezcla perfecta para lograrlo: «O apoio constante dos gobernos que pasaron pola Xunta, a aposta da universidade e dos centros tecnolóxicos por establecerse aquí e, por suposto, a labor das empreass que demostran cada día a súa capacidade de innovar e de ser referentes nos seus sectores. Hoxe en día a Tecnópole non se cuestiona, pero é de xustizar recoñecer o bo criterio dos que no seu día tomaron a decisión de facer en Ourense o Parque Tecnolóxico de Galicia».

El crecimiento, en cifras

Y aunque, el recinto va más allá de las cifras no está mal para terminar poner unas cuentas sobre la mesa para dejar evidencia de su crecimiento. 388 empresas y centros tecnológicos pasaron por sus instalaciones, se organizaron actividades de divulgación (14 ediciones de Galiciencia con 700 proyectos expuestos) y tiene actualmente 103 empresas que ocupan el 73 % de las parcelas disponibles, incluyendo ya las de la parte de ampliación urbanizada. Su facturación anual en el año 2018 fue de 310 millones de euros, con más de 1.500 empleados (el 46 % son mujeres).

«Había que darse a coñecer e don Miguel era un excelente relacións públicas»

Las empresas situadas en el recinto facturaron en el 2018 más de 300 millones

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