El Concello de Ourense baraja tapiar el acceso a los antiguos puestos de la plaza de abastos

La Policía Nacional identifica a los okupas asentados en los locales del mercado


ourense / la voz

Un furgón con seis agentes de la Policía Nacional vigilaba a primera hora de este miércoles los antiguos locales colindantes a la plaza de abastos de Ourense, donde una decena de okupas se ha asentado de forma ilegal desde hace aproximadamente seis meses. «Fue un operativo de prevención, para advertirles de que están en un espacio que no les pertenece, pero no hubo desalojo ni violencia», explicaron. Sí hubo identificaciones -con algunas caras conocidas para las fuerzas del orden locales- y la incautación de dos armas blancas, pero los integrantes de la patrulla explicaban a posteriori que sin una orden judicial no pueden ir más allá de lo hecho hasta ahora.

La pelota está actualmente en el tejado del Concello, que trabaja en dos posibles vías de acción para erradicar el problema: la primera, una de carácter preventivo que contemplaría la petición de presupuesto para vallar y tapiar el acceso a la zona en la que se cuelan los okupas mientras no haya una empresa concesionaria que se haga cargo de las obras en la plaza; la segunda, de índole ejecutiva, sería la elaboración de un informe jurídico para presentarlo ante el juzgado de guardia y que el magistrado correspondiente dé autorización a la Policía Nacional para que se lleve a cabo el desalojo forzoso de los okupas.

Este miércoles, varios de ellos deambulaban por el callejón pegado al viejo lavadero. Y los propietarios de los puestos asentados en la plaza provisional mostraban su escepticismo ante la posibilidad de un desalojo. «Aínda que os saquen pola forza, volverán», dice el dueño de una floristería. A su forma de ver, cerrar un perímetro sería una buena opción.

Mientras tanto, en el rianxo, algunos tenderos explican que, durante el día, la situación es relativamente tranquila. Pero sí se han encontrado alguna que otra sorpresa durante los últimos meses. El dueño de una churrasquería, ahora en trámites de mudarse a otro puesto, se topó tres semanas atrás con un joven okupa que estaba dentro de esta segunda localización porque aún no estaban puestas las ventanas. «E isto está indo a máis, porque se achega o inverno e veñen para aquí», explica. Por otro lado, la dueña del bar G4, Maribel Montaño, confirma que a su puesto accedieron por el tejado y destrozaron botellas y maquinaria que es propiedad suya. «De cara al fin de semana suele ser peor, especialmente en la franja nocturna», explica.

El consumo de estupefacientes

Dos tenderos de la zona, que prefieren no dar sus nombres por razones de seguridad, dicen que la reciente pelea y posterior incendio en el callejón situado junto al mercado tienen que ver con asuntos de drogas. El aumento de esta actividad, según explican ambos, tiene que ver con la presencia creciente de un clan familiar que tiene contacto con los okupas. «Estes días, coa presencia más activa da Policía Nacional, xa non se lles ve, pero anteriormente chegaban a vir incluso dúas veces ó día», explica uno de ellos.

En el rianxo afirman que el tráfico de estupefacientes nunca se fue y que incluso llegó a haber épocas peores en este sentido, con hallazgos de jeringuillas entre los puestos. «Neste sentido, tanto o Concello como a Policía podían poñer máis énfase», avisa un placero. Y agrega que el incendio declarado el pasado 15 de septiembre pudo ser peor: «Imaxinemos que chegan a queimar o edificio principal».

El abandono en la zona del rianxo sigue en forma de inseguridad y botellón nocturno

«Depende da educación que lle dan a cada un», resume el dueño de una churrasquería en el rianxo. El botellón y los trapicheos en esta ubicación ya existían antes de la llegada de los okupas, a los que los tenderos desligan de esta problemática porque el origen ya viene de lejos. «Os jaleos, os restos de cristais e o tema de atopar preservativos ó día seguinte non é cousa deles, porque xa pasaba antes e segue pasando agora», explica.

La inexistencia de una patrulla nocturna que vigile la zona es uno de los factores que, a juicio de los tenderos, explica parte de estos problemas. Sí hay un grupo de limpieza contratado por los comerciantes, que hace especial hincapié en las tareas de mantenimiento durante la tarde por la propia petición de los placeros, que se quejan de que ese trabajo hay días que se tira por la borda por lo que ocurre durante las noches, especialmente cuando llega el fin de semana y los restos del botellón que antaño tenía lugar en la Alameda se quedan entre los callejones de los puestos del rianxo.

Meses atrás, Modesto Grande, uno de los dueños de los puestos de verduras y frutas se encontró a primera hora de la mañana con dos jóvenes que buscaban una jeringuilla con una linterna en las inmediaciones de su local. Llamó a la Policía Nacional para evitar problemas y lograr que se fuesen de allí, pero lamenta la inseguridad y preocupación que le generan este tipo de situaciones tanto por su propia integridad como por la de la clientela. «Esto lo están dejando abandonado y al final no estás tranquilo», concluye.

Los okupas se cuelan en los viejos puestos de la plaza de abastos de Ourense

p. varela

Los propietarios de las tiendas cercanas piden acciones para evitar la problemática

La plaza de abastos de Ourense y los puestos colindantes tienen nuevos inquilinos. Pero no están en régimen de alquiler ni han pedido permiso al Concello. «Hasta tienen reuniones entre ellos», dice Emilio González, presidente la Asociación de Comerciantes de la Plaza. Se refiere a los okupas que paulatinamente se han ido asentando en los locales de los que antaño disponían los placeros. Negocios como floristerías y charcuterías, que habían bajado sus verjas, ahora las tienen forzadas o incluso reventadas.

Una de las primeras tiendas en caer fue la de Milagros Albitos, una empresa familiar dedicada al arte floral. Este martes, en el interior del establecimiento había luz. «Pero nós démola de baixa ao mudarnos á praza provisional na Alameda», dice una de las trabajadoras. No es el único caso en los puestos abandonados, porque varios presentan empalmes en el cableado para conectarse a contadores o alumbrado público.

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