Sobrevivir robando aire

El surcoreano Bong Joon-ho mezcla dulces y veneno en «Parásitos», ganadora de la Calpurnia del OUFF


ourense

Parásitos es algo así como una golosina para un diabético o un bollito de pan recién hecho para un celíaco: es deseo incalculable, prodigioso placer, un mordisco de felicidad que, al mínimo paso en falso, puede convertirse en veneno. Todo lo bueno de este mundo caminando en fila recta por la cuerda floja, así es el nuevo trabajo del surcoreano Bong Joon-ho.

La ganadora de la Calpurnia a la Mejor Película de esta 24 edición del OUFF cuenta la historia de una familia coreana en paro que consigue trabajo gracias a otra, en este caso rica. Esta es la idea fundamental de un film que toca tantos géneros como personajes aparecen en pantalla. Desde la risa más desternillante fruto del humor absurdo hasta el suspense sostenido en el aire, pasando por el drama, el terror, la ficción... todo perfectamente hilado para conseguir casi dos horas y media de irremediables golosinas y panes, de maravilloso asombro y paulatino miedo. De decadencia humana entre unos seres que sobreviven robando aire.

«Que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo». Así describe la RAE el término parásitos, una definición que encaja magistralmente con el contenido del largometraje, Palma de Oro del Festival de Cannes de este año. La familia protagonista del largometraje pasa de la pobreza material a la absoluta carencia empática. El afán por sobrevivir llevado a la máxima potencia, la degradación, la pérdida de escrúpulos, de ligación con el ser humano, la progresión de un carácter sibilino y reptiliano. Estos «parásitos» no guardan apenas distancia con los de la RAE, tan solo difieren en un aspecto: se aferran a seres de su misma, idéntica, especie.

El personaje de Gi Woo (Choi Woo Shik), nexo conductor de toda la trama, es descrito en el film como joven y simple, y desde ahí comienza a darle la vuelta a su papel. Por su parte, el director de todo este cócktel de emociones y recursos, Joon-ho hila fino y demuestra que él no es un cineasta aficionado, ni joven, ni simple, sino que tiene en su haber películas reconocidas como Crónica de un asesino en serie (2013) que se inmiscuye hasta las entrañas de una historia que, más allá de todo, habla de errores humanos. Con Parásitos ahonda en la depravación, en el fenómeno breaking bad, en el desahucio emocional y en la ruindad humana, entre mil toques de sarcasmo y humor desternillante. Mención especial a la banda sonora encargada de dotar de vigor y grandiosidad a la mayoría de las separatas. Composiciones clásicas se entremezclan con temas tan particulares como Una copa de soju, escrita por el director e interpretada por Woo Shik. Una película por la que merece la pena envenenarse un rato.

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