Campeones de pueblo


Desayuné el pasado domingo con un ojo en la tele, para no perderme el octavo título mundial de Marc Márquez, tipo tan grande como sencillo. Sin vueltas, lo que ves es lo que hay. Por eso me alegra verlo ganar en un mundillo tan escarpado, a veces, como el del motociclismo. En esa vorágine comparte los triunfos con su gente, la familia de casa y la del paddock.

Tampoco podía dejar de ver los reportajes alusivos a una gesta que el propio Ángel Nieto (campeonísimo) paladea desde el más allá. Y entonces llegué a las palabras de Alberto Puig, otro apasionado de las motos, aún con alma de piloto, pero director del equipo oficial Repsol Honda: «Marc aún es un chico de pueblo». Y lo decía con la boca llena, acentuando el calificativo como un añadido a la personalidad de un gran campeón.

De inmediato vino a mi memoria la Escola José Antonio Hermida de Maceda. Ni el propio pistolero olímpico imaginó que su nombre quedara ligado a una estructura que años después es conocida en distintas partes del mundo. Uno de sus primeros alumnos es Pablo Rodríguez Guede, profesional en el Primaflor e internacional que llamó a las puertas de los Juegos de Río y repite intención con Tokio a la vista, por mucho que en su circuito sufriera una caída este mismo domingo. Desde Allariz integraron a Iván Feijoo, ya enrolado en el Nesta asturiano, un fijo en la Copa del Mundo de Ciclocrós. Y aún queda en la recámara el júnior limiano Carlos Canal, al que ya le echó el ojo el mismo Coloma, medallista en Brasil. Los campeones de pueblo apuntan alto.

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