«Me gusta el derecho penal porque te permite bucear en el alma humana»

El veterano letrado Alfonso Pazos ve necesario que se recurra más al diálogo y menos al pleito


ourense / la voz

De su infancia en Ourense, una ciudad muy diferente a la de hoy en día, recuerda Alfonso Pazos las «cantinas», unas peleas con piedras en las que los niños de su zona, la plaza de San Cosme, se enfrentaban con los de Prieto Nespereira. También lo mal que se llevaban con los pequeños del parque de San Lázaro, a los que llamaban señoritos. Miles de anécdotas, en fin, que llenaron una «infancia feliz» aunque marcada por la ausencia del padre, el abogado Alfonso Pazos Cid, vinculado al socialismo, que tuvo que exiliarse a México tras la Guerra Civil. Nunca regresó, pero el hijo fue a verlo para pedirle consejo cuando le tocaba decidir sobre convertirse en o no en abogado. Recuerda perfectamente lo que le dijo: «Aprende el oficio con alguien que sea capaz de cerrar, o casi, el grifo del egoísmo. Decir palabras con significado justo es cumplir fines y ver más de cerca las estrellas».

A sus 87 años, aún recuerda aquellas palabras. «Yo entendí», asegura. Tras estudiar en la academia de Manuel Sueiro, un docente al que recuerda como «muy intuitivo y cariñoso», había estudiado la licenciatura de Derecho, pero cuando terminó tuvo dudas sobre qué camino seguir. Las palabras de su padre lo animaron hacía la abogacía e hizo la pasantía en A Coruña, con Martínez-Risco y Macías. Dos años después regresó a la ciudad de As Burgas y se colegió como abogado, con el número 31. Su especialidad ha sido siempre el derecho penal, una rama en la que ha brillado en estos más de sesenta años de ejercicio, convirtiéndose en referente para muchos letrados que llegaron detrás. «El derecho penal me atrae porque te permite bucear más en el alma humana; el delito es una actividad que está mal vista, pero el delincuente ataca determinados valores de la sociedad, no todos; hay que buscar las causas. Cuando pasa algo queremos saber por qué pasa, y el delito te enfrenta a ese problema», explica el letrado, especialmente interesado en «desentrañar ese misterio que no es un misterio, sino la búsqueda de la causa que produce ese efecto».

Y aunque no siempre ha conseguido hallar ese desencadenante, Pazos se ha esforzado por escuchar a sus clientes y entenderlos. «He escuchado a muchos delincuentes, pero yo no les llamaría así, sino personas que en algún momento dado han realizado un hecho que la ley considera delito. Las leyes cambian, yo recuerdo la época en la que el adulterio era delito; cuando yo empezaba a ejercer el Código Penal lo castigaba», advierte, poniendo en duda la cualificación de muchos de los que hoy tienen la responsabilidad de legislar y decidir lo que se castiga y lo que no. «Fíjate en los que tenemos hoy; un 90 % son ignorantes que no tienen formación humanística. No conocen a los pensadores de la antigüedad, ni han leído en latín o en griego, y están ahí dictando leyes, por motivaciones políticas. Cuando veo a ciertos diputados, pienso ‘en qué manos estamos’. En mi experiencia vital nunca encontré a gente tan vacía, incompetente y poco formada como la que hay hoy», lamenta.

De sus muchos años de trayectoria recuerda los casos ante el Tribunal de Orden Público, en el que se juzgaban delitos políticos muchas veces dudosos: «Si no llevabas tú el panfleto, te lo metía la propia policía. Los sindicalistas tenían que protegerse de la brigada político-social». También su apasionante travesía por los tribunales ordinarios, desde los que ha sido espectador de los cambios enormes que ha dado la abogacía, para peor en algunos aspectos. «Me parece que ahora el mercantilismo en la profesión prima sobre el interés del cliente», advierte, explicando que «nosotros tenemos unas tablas de honorarios y se pueden aplicar de muchas maneras». En su opinión, es fundamental buscar un acuerdo entre las partes, apelando al diálogo y tratando de evitar llegar al juzgado, aunque se gane menos. «Un pleito es una desgracia grave, sobre todo para quien lo pierde, pero también para quien vence, porque también gana odio, y la vida no puede ser eso».

Quién es. Profesión. Su rincón.

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Quién es. Alfonso Pazos Bande nació el 2 de noviembre del 1932 en la ciudad de As Burgas.

Profesión. Estudió la carrera de Derecho y se colegió en Ourense con el número 31. Lleva más de seis décadas en la profesión y sigue activo a sus casi 87 años.

Su rincón. La plaza de San Cosme, lugar en el que vivió de niño. Recuerda las peleas con piedras y las diferencias con los del Parque de San Lázaro: «Les llamábamos señoritos; nosotros éramos más proletarios».

Sin ordenador, ni móvil: «¿Voy a tener yo que estar pendiente de quién me llama?»

Le queda un mes para cumplir 87 años pero eso no le impide acudir a diario a su despacho de la calle del Paseo, en un segundo piso sin ascensor, para trabajar en sus casos. Mantiene sus rutinas laborales y asegura que eso le ayuda a tener despejada la mente. La tiene, desde luego, aunque llama la atención que hace todo de forma analógica. «No tengo ordenador, no lo sé ni encender; he tenido siempre gente que me ha ayudado», reconoce, añadiendo que tampoco dispone de teléfono móvil. «Mis hijos me regalaron uno pero no lo quise; quien me quiera localizar que lo haga en mi casa o en mi despacho. ¿Voy a tener que estar yo pendiente de quién me llamó y luego contestarle, eso es una esclavitud?», reivindica mientras enseña su libretilla. «Un día voy a patentarla», ríe, explicando que en ella anota todas sus citas pendientes y los asuntos que debe recordar. «Me muevo por lo clásico. Y me va bien», asegura.

 

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