El insomnio poliédrico

La cosmogonía animada de Katarzyna Rogowicz se expone en el Espacio de Arte Roberto Verino


ourense

En el Norte hay un mar que es más alto que el cielo. Carlos Oroza.

La otra cara de la luna es un proyecto de intervención específica de un espacio, pensado para acompañar la colección otoño-invierno 2019-20 que el querido y reputado diseñador presenta en su espacio de Arte Roberto Verino. El diálogo que se establece entre la obra del diseñador y la plástica de Katarzyna Rogowicz, resulta una magnífica expresión de creatividad a través de ambos lenguajes. El espacio de arte que Roberto Verino plantea es un lugar de libertad, un entorno reservado para una experiencia fundente, sensorial y catártica que permite a cada autor desarrollar su creatividad con entidad e identidad, un no-lugar de tránsito y a la vez de inmanencia, un espacio público e íntimo.

La artista halla en la naturaleza su mayor inspiración. Es la brillante luz del Mediterráneo, el calor de la cultura española, la que ilumina intensamente la obra de la autora báltica en sus dibujos del natural, acompañada por el canto de los pájaros.

Otro aspecto que señala en su obra es la pauta existencial que nos marca, el paso del tiempo desde el momento onírico o de vigilia, el insomnio como un instante que incentiva las imágenes de la creación futura. La otra cara de la luna de Katarzyna Rogowicz, consta de una serie de 22 dibujos, formando en algunos casos dípticos o trípticos en su exposición.

Tintas pigmentadas con puntos de luz metalizados o fluorescentes y notas de profundo azul Klein. Eleva, asimismo, la profundidad y crea volúmenes a través de las luces y sombras que consigue mediante la integración del collage y la fotografía, así como de otros elementos tales como el tejido, formas vegetales o recortes de revista que vienen a subrayar el interés de la artista por el mundo de la moda y de la estética y logra una revisión del efecto Pop Art en las composiciones.

Aunque la artista no ha de considerarse “una romántica” al uso, si se observa la herencia de la tradición idealista y romántica del norte de Europa, compartiendo algunos postulados estéticos con la corriente alemana del Stürm und Drang del XIX, la tensión espiritual de Friedrich, emocional de Van Gogh, Marc, y Beuys, al encontrar en los animales y la naturaleza, una iconografía vehicular para sus emociones y pensamientos.

Por otra parte, la utilización del lenguaje en el arte de Katarzyna, cobra importancia destacable como en la obra canalizada intelectual y catárticamente en el relato de Joseph Beuys. Comparte el concepto del aspecto creativo más allá del taller como consecuencia de unir arte y vida. Una compleja teosofía consustancial a la naturaleza, el acto artístico como antropológico. Lirismo y reflexión. Intimidad. Una experiencia artística total próxima a la antroposofía y euritmia de Steiner. Mostrar la grandeza del ser vulnerable es mostrar las heridas a través del tejido reciclado y los papeles entintados, memoria del pasado.

Posibilidades expresivas

Inspirado en el 50 Aniversario de la llegada del hombre a la luna, Katarzyna explora a través de las posibilidades expresivas del dibujo, el misterio de lo desconocido y oculto en la cara no visible de la luna. Se viste de sol anaranjado para describirla, de tierra árida y rojos ocasos sin oxígeno.

La imagen poética de la obra trasciende del tema de actualidad. La manera de ilustrar un mundo fantástico, surreal y onírico que se define con el trazo severo de la línea de contorno y que suaviza con el aterciopelado y seco uso del color de manera eficaz, salvando la literalidad del tema en función de lo relativo y sensible a través de las capas de intimidad poética. Una imagen especular de su breviario visual.

Existe una sutil referencia en sus obras a los fotomontajes de Hannah Höch en los relatos surrealistas, más estética que sustancialmente y sin la reivindicación feminista de Höch. Se observa una naturalización del cuerpo que recuerda a O´Keeffe en Nocaut al integrar elementos vegetales y flores a la fisicidad orgánica del boxeador que prolonga en el extremo inferior del colaje y en el énfasis en modelos abstractos de paisajes y formaciones celestes y vórtices rítmicos en Azulón, Big Bang y una simbiosis que se corresponde con el estado cognitivo derivado de la experiencia entre Naturaleza y forma estética que propicia dicha exploración. El dibujo vehicula la narración y la tensión viene dada por el hilo que comunica a los actores como la hipertrofia expresiva de Monok, un universo poblado de extraños seres de forma ortóptera, alienígena, himenóptera y vegetal, y una luna ávida de desierto y furiosos ocasos.

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