«Se arranxo a Vespa, aínda dou nela unhas últimas voltas»

Suso García busca ayuda para arreglar una Vespa de 1963 que todavía conserva


Ourense

Muchos pagarían grandes cantidades por poder conseguir una reliquia del año 1963, como una Vespa 150 S de color azul claro. Otros son más afortunados y pueden decir que todavía la tienen guardada en el garaje de su casa, como es el caso de Suso García Cruz (As Airas, 1945): «Foi a primeira e última moto que tiven, o meu primeiro vehículo». Los recuerdos de su juventud regresan cuando mira hacia atrás para rememorar los años en los que recorría kilómetros con ella. Hace un año decidió sacarle el polvo y repararla. El paso del tiempo le había pasado factura. Ahora busca a personas que lo ayuden a encontrar las piezas originales que necesita para volver a ponerla en marcha y montarla, hasta donde él pueda, con sus propias manos. Sin ayuda de Internet, a través del boca a boca, quiere encontrar ayuda para reparar una moto de hace 56 años que tiene una larga historia detrás.

«A Vespa non é para correr e eu non era un tipo de correr moito». Suso García afirma que con ella recorrió muchos kilómetros para ir a trabajar, para pasear. Su mujer, entretenida buscando entre un álbum de fotos antiguas, comenta que no pueden pensar en su juventud sin pensar en la moto, pues fueron muchos los paseos que dieron subidos en ella. Pero en 1970 Suso parte a Alemania para trabajar y no vuelve a su ciudad natal hasta pasados cinco años. Una vez regresa, compra su primer coche y la moto queda en una esquina.

El hijo de un conocido insiste en comprársela para regalársela a su padre y él cede. La moto cae en manos de una familia de Moreiras y, pasados unos años, un paciente del sanatorio de Toén -cerrado desde el 2012-, la roba cuando disfrutaba de unas horas fuera del recinto. Finalmente, lo alcanzaron en Celanova. Pasan veinte años y Suso García se encuentra en el bar de su pueblo con el dueño de la moto. Tras un comentario, Suso le comenta que si le llegan a preguntar ahora, no hubiese vendido esa Vespa. El hombre le afirma que lleva años sin usarla y le dice que si quiere recuperarla tan solo tiene que ir a buscarla a su casa. Él no se lo pensó dos veces. La moto volvió a sus manos en el 96.

Una última vuelta

«Mira como a deixei de brillante». Con orgullo enseña una fotografía en la que se ve la moto completamente desmontada y sin su color azul tan característico. Suso García se pasó horas lijando manualmente cada una de las piezas de la Vespa, muy oxidadas, y con un martillo le fue quitando las abolladuras. Consiguió el color original y la llevó a un chapista tan meticuloso como él. Con mucho cuidado y dedicación, bajo la atenta mirada de Suso cuando iba a ver el proceso, consiguió aplicarle una capa de pintura que la dejó como nueva.

Ahora lo que faltan son las piezas internas. «Estou nun parón porque estou preguntando á xente por se me pode botar unha man para conseguir as pezas que me faltan. Eu de mecánica non sei nada, pero a moto, se quero, prepároa. Para algunha parte si que vai ser necesario levala a un taller», afirma Suso García. Sin las herramientas y preparación necesarias, montar el vehículo puede resistírsele. Pero si encuentra a gente con ganas de echarle una mano, él aceptará, sin dudarlo, esa ayuda.

Esas piezas que ya han recuperado su color original, las colocará él. Sería un mérito poder acabar de montarla él solo y regresar al 63. Entre sus manos sostiene una foto suya de joven subido a su Vespa, un par de años después de haberla comprado. Con los ojos brillantes y la nostalgia a flor de piel, cualquiera podría notar que está deseando ver el resultado final. Quiere dejarla preparada para sus nietos y que ellos la conserven con el mismo cariño con el que la guardó su abuelo. Cuando se queda solo en la sala de su casa, todavía mirando la foto, y sabiendo que a sus 74 años ya no la podrá usar, con una sonrisa dice que si la arregla «aínda dou unhas voltas nela».

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«Se arranxo a Vespa, aínda dou nela unhas últimas voltas»