Más jardines, por favor

«No es lo mismo caminar por la ribera del Miño, el tan agradable paseo de las Ninfas, que hacerlo por las aceras de la ciudad, llenas de obstáculos terráceos, a expensas de algún susto que nos dé una veloz monopatinadora»


Cuántos pasos al día dan la felicidad, previenen enfermedad o, tan solo, desentumecen los músculos. Pueden ser diez mil o cinco mil diarios, según los expertos. El último estudio parece que nos facilita el objetivo: con cinco mil pasos al día llega y dice el autor, el neurocientífico irlandés Shane O’Mara, que no es necesario caminar en un espacio verde o salvaje para sentirse bien, que valen los pasos que se den en una ciudad. Valer, valdrán. Pero no es lo mismo caminar por la ribera del Miño, el tan agradable paseo de las Ninfas, que hacerlo por las aceras de la ciudad, llenas de obstáculos terráceos, o de estar a expensas de algún susto que nos dé una veloz monopatinadora. Dirá ella, que para qué caminar, pudiendo llegar más rápido en su transporte eléctrico individual. Además, es tan ecológico como andar, defenderán los usuarios de los monopatines eléctricos.

Pero no estoy de acuerdo con el doctor y creo que los responsables municipales deberían preocuparse por aumentar los espacios verdes y zonas ajardinadas en las ciudades y villas. No solo para atraer visitantes que admiren nuestras localidades sino por la propia felicidad de los residentes. Es cierto que crearlos y mantenerlos exige personal, tiempo y gastos, pero compensan anímica y visualmente. Quizás también turísticamente. Será también por la época en la que estamos -aunque este estío no haya sido caluroso- que se ven las glorietas, los parques y las jardineras secas o asilvestradas. La imagen que se da, salvo excepciones y rincones bien cuidados, es de abandono, lo que no invita a quedarse ni a caminar.

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