Jauría y sus bestias


Ourense

Decía el dramaturgo Eduardo Alonso este sábado, durante el homenaje que la Mostra Internacional de Ribadavia le hizo al eterno Nesto Chao, que «o teatro transforma todo o que contempla». Precisamente fruto de esa transformación nace el sentimiento que genera, embriagador, directo y, muchas veces, parejo a la realidad. Pocas horas después de escuchar a Alonso, me senté en el Auditorio do Castelo, visiblemente ilusionada y nerviosa, ante la expectativa de ver Jauría. Al terminar, la cita quedó fielmente demostrada para mí y para el mundo entero. Jauría reconstruye el caso de La Manada, basándose solo en declaraciones y en la sentencia misma. No hay ciencia ficción, no hay adornos e incluso, en determinados momentos de la puesta en escena, parece que no hay actores, parece que allí están ellos. María Hervás se deja la piel y el aliento, como ya es costumbre en ella, para llenar de sobriedad y de dignidad a una mujer que está rota, pero no vencida. Nunca vencida. Y ahí se enfrenta a sus cinco bestias, las más oscuras, inconscientes y malvadas que se podría haber encontrado. Y las soporta y las dirige y las sentencia. Sobresaliente también, precisamente la actuación de esas bestias del teatro. Alex García, Fran Cantos, Martiño Rivas, Ignacio Mateos y Raúl Prieto. Este último con una potencia y una proyección pasmosas, casi hipnóticas. Jauría es una clase magistral de humanidad y de realidad, es una asignatura pendiente en los colegios, es un ejemplo más de que la cultura y la educación van de la mano y, por supuesto, es necesaria. Para comprender, para empatizar, para poder crecer, para conocer a las bestias y enfrentarnos a ellas.

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