«La provincia de Ourense tiene mucho potencial, pero está desaprovechada»

Mar Aragonés confiesa que le encanta la ciudad y lamenta que muchos jóvenes tengan que emigrar


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No es Ourense la provincia con más oportunidades laborales que uno se pueda imaginar, pero hay quien encuentra la suya, y se agarra a ella. Mar Aragonés Montenegro es uno de esos ejemplos. Tercera generación de una empresa familiar del sector del automóvil, nunca pensó que se integraría en el negocio y, tras estudiar primero en el colegio Albino Núñez y después en el instituto Blanco Amor, se marchó a A Coruña a estudiar Turismo. Un año después regresó para continuar sus estudios universitarios en el campus pero pronto le picó el gusanillo de viajar, y el programa Erasmus se presentó como la mejor oportunidad. Pasó un año en Letonia y, de regreso, completó su formación con el máster. «Cuando acabé la carrera, en el 2009, la situación no era la más bonita, o no nos los la pintaban muy esperanzadora, y algunos cometimos el error de creérnoslo y seguir formándonos. Había pesimismo, nos decían que no era el momento para encontrar trabajo y por eso pensé en el máster», rememora Mar. Terminó el posgrado y le surgió una oportunidad laboral en el Talaso Atlántico, en Oia (Pontevedra). «Iba para cubrir una baja de maternidad pero la chica decidió dedicarse a la crianza de su bebé y no regresó, así que me quedé».

Hasta el 2015. Entonces pasó ante ella un tren para el que no había comprado billete, pero decidió subirse. «Se prejubilaba Inés, la persona que había estado llevando calidad y márketing en la empresa familiar, así que me propusieron el puesto. Yo ya estaba en una fase en la que veía que en mi trabajo no iba a mejorar más y me apetecía cambiar». Así que se decidió a probar. «Empecé a dormir peor», reconoce, advirtiendo que «trabajar con la familia no es fácil, porque te vas a casa con el runrún de la responsabilidad, que pesa mucho».

Pero pudo con ello y ahora no se arrepiente de haber tomado aquel camino. En este tiempo ha sido madre y, como tal, ha conocido las complicaciones de la conciliación. «Hacen falta mas medidas para compatibilizar vida laboral y familiar, ya no solo en las empresas, sino en la sociedad en general. En otros países hay un año de baja y más ayudas, y aquí nos conformamos con 16 semanas; eso es incongruente con los problemas de natalidad que tenemos. Creo que no hay que inventar nada, es tan fácil como cortar y pegar de otros países que lo están haciendo distinto y les está funcionando bien», señala.

Así que a sus 31 años Mar compatibiliza su carrera con sus responsabilidades como madre, con la ilusión de seguir manteniendo el legado de la empresa que montó su abuelo hace 73 años, y disfrutando de una ciudad que le encanta. «La vida me parece fácil, con una calidad envidiable para cualquier otra urbe un poco más grande. Soy muy ourensana», zanja. «Y veo a mi hija viviendo en Ourense; espero que alguien se quede para remover y hacer evolucionar esto. Intentaré criarla de forma que sea capaz ella de buscarse un futuro aquí».

Aunque es muy consciente de las debilidades del territorio. «La provincia tiene mucho potencial pero la veo desaprovechada», asegura. Y se fija en el aspecto turístico. «Creo que se nos queda un poco grande el título de capital termal europea en cuanto a infraestructuras, a planificación... Es lo de siempre, al final nos interesa la foto a cuatro años vista, pero esto es algo que requiere una implicación, una planificación a largo plazo. Hay mucho por hacer, pero si a los jóvenes nos van echando y no favorecen que nos quedemos, estamos perdiendo mucho potencial», dice.

Y es que Mar pertenece a una generación de jóvenes a los que les está resultado complicado eludir la emigración. «Muchos de mis amigos están fuera y eso da rabia, porque por potencial y recursos no es. Yo confío en que llegue una generación que diga, ‘esto para nosotros’». Y no cree que sean los jóvenes los que fallan al no apostar por la provincia. «Si desde pequeños les dices que se van a ir y les inculcas que el futuro no está en Ourense, obviamente se lo van a creer. La culpa no la tienen ellos».

«Estaremos desayunando y le diremos al coche donde queremos ir»

Reconoce esta profesional que los tiempos andan revueltos en el sector del automóvil y da fe de la enorme importancia que tiene en la economía un sector que está en proceso de evolución constante, aunque quizás no tan rápida como algunos vaticinan. «El cambio a otros tipos de movilidad, como la eléctrica 100 %, requiere una infraestructura que es inviable a corto medio plazo, porque necesita que tú llegues a tu casa y en tu comunidad haya un puesto para ti y para el resto de vecinos, y eso no va a estar listo mañana, aunque es cierto que está empezando», explica. Ve más cercano, sin embargo, algo que a priori puede parecer más de película. «Hay más avances en cuanto a la movilidad conectada; para mí el cambio está ahí, en que todos los coches estén conectados entre sí, en el vehículo autónomo. Que tú estés desayunando en casa y ya le digas al coche a donde quieres ir, y te lleve. Parece más futurista, pero lo veo más viable», asegura.

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