Más de un centenar de misioneros trabajan en 29 países del mundo

«Pobres los hay en todas partes», asegura el ourensano Manuel Garrido


ourense / la voz

Dice Manuel Garrido que «pobres los hay en todas partes». Y podría parecer una reflexión sencilla, pero alude a la ceguera de los países desarrollados sobre muchas de las grietas de su sociedad. Garrido tiene 82 años y en el 65 decidió romper con eso. Se hizo misionero con los Paúles y el destino le llevó a Madagascar. Como a Antonio Fernández, un sacerdote diocesano de O Carballiño, le tira África. «No seu momento pareceume o máis interesante, así que decidinme e fixen o triple salto mortal», comenta riendo. Y se marchó a Zambia, la tierra donde se apagó la vida del célebre explorador escocés David Livingstone.

Ambos estuvieron este sábado en el nuevo encuentro de los misioneros que se celebró en Ourense. Allí se levantó una auténtica Torre de Babel con orígenes en la provincia, ya que, por ejemplo, Manuel aprendió malgache tras sus múltiples estancias en la isla africana y Antonio interiorizó algunas de las lenguas tribales con las que se topó en el interior del continente. «Para evangelizar es completamente necesario, porque los que hablan francés son los que están en las élites», expone Manuel. Pero su trabajo va más allá de la lectura de los versículos, porque la región en la que trabaja es una de las más apartadas del país.

Los contrastes culturales

Al sur de Madagascar, en Androy, se encontró con una comarca «seca y pobre». «Vimos que la gente estaba abandonada con respecto a la alfabetización». Y fueron pueblo por pueblo, un trabajo de décadas que, en cierta forma, ya ha dado réditos: algunos de los sacerdotes de la zona son oriundos de la región e intentan que los jóvenes logren diplomas que acrediten su formación para que den un paso más y vayan a centros de educación de nivel.

En la frontera de Zambia con la República Democrática del Congo, Antonio se sorprendió al conocer que «cada vez que se cometía un delito, as autoridades tentaban que máis alá de un castigo se fomentase a convivencia do culpable co afectado». En un continente plagado de cicatrices que, en ocasiones, vuelven a abrirse, parece un brote verde. Y Fernández señala que «a xente é moi respetuosa e educada, lonxe da actitude crispada que se ten en Europa á hora de dicir as cousas». Antonio piensa volver próximamente al país, pero por su cabeza también asoma, a medio plazo, la idea de regresar a su tierra.

El corazón de Purita, en Bolivia

Nació frente a los jardines del Posío y trabajó durante mucho tiempo como enfermera en Ourense, pero Purita Lorenzo notaba que su cuerpo le pedía irse a otra parte. Y se fue a Bolivia, a la provincia oriental de Santa Cruz de la Sierra. «Me tuve que volver, muy a mi pesar, pero estoy aquí por cuestiones personales y por mi propia voluntad», detalla. En Sudamérica estuvo 19 años, tras irse con 47 y pedir una excedencia en su trabajo. «Fue una época muy feliz», cuenta. Y entendió que no sólo iba a ayudar, sino a comprender otra filosofía de vida: «En ocasiones vi hasta a siete personas viviendo en el mismo cuarto. Han aprendido a vivir con poco y ser felices igualmente. Aquí nunca nos saciamos».

Purita, que antes de irse a Bolivia ya colaboraba en proyectos de ayuda contra la drogadicción y en las cárceles, reflexiona sobre por qué en su momento decidió cambiar de rumbo: «Me siento bien con la gente humilde».

América Latina, entre los destinos preferentes de los religiosos ourensanos

Más de un centenar de misioneros de la provincia -concretamente 115- se encuentran repartidos por la geografía del globo en tareas de ayuda y evangelización que alcanzan un total de 29 países e implican a 47 congregaciones religiosas. De ellos, 90 trabajan en distintos puntos de América Latina: Puerto Rico y Brasil, con más de una decena, son dos de los destinos predilectos, pero también Guatemala, Perú, Argentina y la República Dominicana.

En el caso de los que están en el continente africano, un total de ocho, se concentran en su inmensa mayoría en países subsaharianos: de Angola a Benín, pasando por Camerún y la República Democrática del Congo. Sólo uno se salta esta pauta, con una misión en Marruecos. En Asia, mientras tanto, dos ourensanos ejecutan estas tareas en Israel y Filipinas. En este último país, son dos los misioneros que están asentados en las islas. Mientras, en Europa, hay un total de 14 religiosos con presencia en Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y Portugal.

En los datos de distribución de los misioneros también hay un dato más que relevante: del total de 115 que participan en estos programas de cooperación, hay 72 mujeres, un número notablemente superior a los 43 hombres contabilizados.

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