El profesionalismo de las mujeres, horizonte por conquistar

El coloquio «Visibilización en positivo» reunió a deportistas gallegas de élite


ourense / la voz

Uno de los senderos que conduce hacia la entrada de la Facultad de Ciencias de la Educación de Ourense es el Camino de la Igualdad, jalonado con inscripciones en honor a mujeres que marcaron época, como Simone de Beauvoir y Hannah Arendt. Quizá fuese una señal y eso es algo que dirá el tiempo, pero por ese trayecto repleto de inspiración llegaron ayer cinco gallegas de renombre al coloquio «Visibilización en positivo», organizado por el profesor Millán Brea para debatir sobre la realidad y retos de las deportistas y en el que participó, por ejemplo, la futbolista profesional Anaïr Lomba.

Entre los asistentes al acto, al que acudieron cerca de 40 personas, escuchaba atentamente una chica de 13 años, la benjamín de la sala. Pero no era la única que mostraba timidez. También alguna de las ponentes, como la ourensana Vane Sotelo, que se mordía las uñas a ratos en los instantes previos. Todo cambió cuando cuestiones como la pasión por lo que hacen salieron a la palestra. Anaïr, la veterana del grupo con 29 años, la identificó con apenas seis, en su A Guarda natal. «Me crié jugando al fútbol con los balones Mikasa en campos de tierra. Y desde entonces, ya no soñé ni me planteé hacer otra cosa», revela. La llamada del Barcelona llegó en su adolescencia, cambiando su vida para siempre. E incluso así, reconoce que no ha sido hasta ahora cuando ha visto realmente recompensado su esfuerzo.

El camino al profesionalismo

La historia de Alba Rodríguez, jugadora de fútbol gaélico, explica que el talento está; falta ayudarlo a salir. Su interés por esta disciplina llegó tras una estancia como au-pair en Irlanda. «El deporte vino después», cuenta. Su caso toca de lleno una de las aristas del debate: ver la competición como un disfrute o ir más allá de ello. «Cuando practicas un deporte que es minoritario, ya partes de la base de que gastarás más dinero del que podrás ganar», explica con una sonrisa. La ferrolana Iria Grandal, olímpica en Londres 2012 en tiro con arco, cuenta que su interés por la diana y las flechas vino por una anécdota familiar: «Mi madre creía que era un deporte en el que no se sudaba demasiado», dice de forma pícara. Al final, todos se subieron al carro. Pero su semblante cambia al instante cuando detalla que en su retirada tuvo que ver «el pánico a tirar». El arco, antes su amigo, ya no lo era. Iria, que desde entonces se centró en su carrera como periodista, solo tiene 28 años.

El reto: la visibilización

La gimnasta ourensana Yolanda García aludía ayer a que, pese a que «siempre necesitas tiempo para estudiar, te motiva más entrenar que pensar en dejarlo». Esa dificultad para compatibilizar la personifica también Vane Sotelo, que ponía un dedo en lo dispar de la visibilidad que, provoca, en parte, que «del fútbol sala femenino aún no se puede vivir», razonando además que, incomprensiblemente, «ni siquiera es deporte olímpico».

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