Los otros


Es difícil abstraerse estos días de la política. De reparto de sillones, de nuevos «muy buenos» amigos y de reuniones secretas. Pero es posible. Por eso es necesario hablar de «los otros». De los más de ocho mil habitantes ourensanos que cada día se levantan sin saber si las monedas que les quedan en el bolsillo serán suficientes. Son los que acuden a Cáritas para sobrellevar los sinsabores de una pobreza que, al parecer, se hereda. Como muchas otras cosas. Ellos, los otros, no están hoy preocupados de lo que pasará el sábado en cada una de las casas consistoriales de la provincia. Ellos, los otros, solo piensan en el hoy y no esperan mucho más del resto. Muchos están haciendo cola en el comedor social o charlando con los compañeros del piso donde tiene alquilada una habitación, a los que no conocen pero con los que comparten esa herencia que es la vulnerabilidad. Esa en la que también se paga derecho de sucesión. No con dinero sino con dignidad. Muchos tienen hijos y otros tantos ninguna familia de la que echar mano. Ellos, los otros, también son ourensanos y una sociedad se mide por muchas cosas, entre ellas la clase política. Entre ellas, la desigualdad. Y hablar de pobreza y desigualdad en Ourense ya no es demagógico. Dígaselo a «los otros» cuando sepan que los concejales de Ourense cobraron más de 400 euros por asistir el miércoles a un pleno que no duró ni media hora mientras sus ingresos mensuales medios son de 280 euros. Esto es una realidad. Cáritas hace un trabajo inconmensurable, pero no puede estar sola en esto. Por eso, cuando se sienten en los sillones tomen aire y hagan una sociedad mejor.

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