El comedor de Cáritas aumentó en un 75% las comidas servidas al año

La entidad social constata el crecimiento de la desigualdad social en Ourense


ourense / la voz

La memoria anual que presenta Cáritas Diocesana es el mejor de los termómetros para conocer de primera mano la situación que vive la sociedad ourensana, sobre todo aquella parte más vulnerable. Y si algo ha quedado claro es que la desigualdad social es cada vez mayor. Tras tres años de bajada, en el 2018 ascendió el número de personas a las que asisten a través de los diferentes programas. Pasaron de 7.281 en el 2017 a 8.072 el pasado año. Y la situación es todavía más trágica si se tienen en cuenta los datos del comedor social, al que acuden las personas en mayor riesgo de pobreza. En solo un año han pasado de servir 200 raciones de comida a 350. Un incremento del 75 %.

De la memoria se extrae que existe un grupo numeroso de personas a las que les resulta muy difícil salir de los umbrales de la vulnerabilidad y de la exclusión social, muy probablemente debido a que, a pesar de ser personas activas, combinan salarios bajos con jornadas parciales indeseadas y una temporalidad que provoca una entrada y salida recurrente del empleo. Cáritas añade que otras situaciones que viven los hogares de Ourense y que ahondan en las consecuencias de la precarización del empleo, son, por ejemplo, la situación de las familias, cuyo sustentador principal se ve obligado a reducir gastos en vestido, alimentación o suministros del hogar como estrategia de «mantenimiento a flote». Caritas ha constatado una tendencia a la cronificación de muchas situaciones de pobreza. «Acuden a nuestros programas asistenciales más personas que hace tres años y reiteran sus solicitudes de apoyo, con un marco multiproblemático cada vez más acusado», explicó la presidenta de Cáritas Ourense, María Tabarés.

A la entidad social le preocupa la situación en la que se encuentran muchos jóvenes ourensanos -sobre todo hombres- en edad laboral, sin red familiar ni social de apoyo, con formación escasa y desajustada con respecto a las exigencias del empleo. Además, también hubo un repunte de migrantes que han tenido que huir de sus países por causas económicas y políticas que hacían imposible seguir con una vida digna y segura, como es el caso de las personas venezolanas.

Así, el perfil tipo de las personas que acude a Cáritas en busca de ayuda es un hombre español, en su mayoría (85 %) entre 18 y 35 años. Esto representan el 27 % de la muestra. Su pobreza se cronifica y concurren en muchos casos varias condiciones, como la problemática social. Pertenecen a familias desestructuradas, su pasado está ligado al sistema de protección de menores, tienen desarraigo y falta de redes de apoyo social y familiar. Otra circunstancia es la sanitaria: problemas mentales o drogodependencias que no logran amortiguarlos por la protección social. En el 6,3 % de los casos sus ingresos proceden de la Risga y en el 13 % tienen un empleo temporal y precarizado. La mayoría reside en habitaciones de pisos compartidos, con una media de coste mensual de 180 euros, y el 9 % no tiene hogar.

Fría y distante administración

Desde Cáritas señalan que la pobreza en Ourense se hereda y que factores como la dedicación profesional, la calidad en el empleo y la educación de los padres condiciona el futuro de los hijos. El 63,8 % de las personas que atienden habitan en una vivienda unifamiliar en régimen de alquiler. Destina a su pago en torno al 65 % de sus ingresos totales, lo que coloca continuamente a estas familias en situación de inseguridad, porque la fuente de ingresos no es fija a lo largo del año. De media, sus ingresos se sitúa en 283 euros al mes; y estos han caído espectacularmente, de ahí que, aunque pretendan estrategias de contención de gasto, necesitan recurrir a apoyos externos como esta entidad.

Cáritas Diocesana de Ourense hizo un llamamiento también a las instituciones y a la sociedad en general en torno a estos datos. «Nos preocupa la fría, distante y enlentecida respuesta de las administraciones públicas ante la complejidad y cronicidad de muchas situaciones de desprotección», señalo Tabarés. En concreto se refirió al poco o nulo seguimiento de los casos, teniendo en cuenta que el comedor de esta entidad es el único social de Ourense.

Un nuevo centro de referencia en el barrio de Covadonga de la capital

Uno de los proyectos que se hizo realidad en el 2018 fue la apertura de un centro de referencia para los vecinos en situación de vulnerabilidad del barrio de Covadonga de la capital. Un espacio compartido por los de A Ponte. Se trata de un centro de acogida y acompañamiento, así como de intervención social para la atención social de las necesidades de las familias. El año pasado también se puso en marcha un nuevo concepto de ropero, con aspecto de tienda para atender con más calidad y calidez a los usuarios.

Cáritas Ourense invirtió el año pasado 1.920.421,43 euros en ayuda a los desfavorecidos de la provincia. El 48,27 % se destinó a necesidades básicas, entre ellas el comedor social o el alquiler de pisos. Este dinero proviene principalmente de 115 socios, 283 donantes identificados, 48 empresas colaboradoras e instituciones privadas.

El convenio anual con el Concello de Ourense (de alrededor de 125.000 euros) se firma siempre al final del año , por lo que la entidad debe anticipar el dinero y estar a expensas de la renovación. Y para hacer todo posible es necesario, también, el trabajo de 371 voluntarios -252 en Cáritas Parroquiales y 119 en programas diocesanos-, de entre los cuales 65 iniciaron su trabajo el pasado año.

Otro de los aspectos destacados durante la presentación de la memoria anual ha sido el envejecimiento poblacional en el rural y las necesidades cada vez mayores de las personas que viven en zonas alejadas, solas y sin recursos públicos. En este caos también hacen un llamamiento a las administraciones públicas.

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