Las matemáticas de la política


El 28A ya está pasado de moda y todos los políticos piensan ahora en el 26M. Pero no pueden hacerlo sin dejar de repasar los resultados que arrojaron las urnas justo hoy hace una semana. Por eso piensan en proyecciones, en encuestas y en todo tipo de teorías sobre la evolución del voto para intentar saber cómo arañar papeletas o para lograr no tener pesadillas en lo que queda de precampaña (y campaña) y así evitar despertarse en medio de la noche, en un charco de sudor, enfrentados a una derrota.

El escenario del 26M está abierto pero el del 27M ni te cuento. Qué mejor ejemplo que la capital, aunque hay más. Después de cuatro años con una ciudad paralizada -derivada de un gobierno y una oposición paralizante- a la mayoría de los vecinos no les preocupa tanto el día de las votaciones como lo que vendrá después. Hay quien ya hace bromas sobre mudanzas si la ingobernabilidad sigue instalada en la capital. Y con las papeletas que tenemos (que serán muchas) a la mayoría ni se la espera. De manera que lo de llegar a acuerdos, más que un deseo, tendrá que ser una exigencia.

Mientras tanto, cada uno hace la digestión de las generales como más le conviene. En el PSOE están exultantes y hasta se abrazan y sonríen los que hasta anteayer no querían ir en la misma lista; en el PP están preocupados porque a pesar de seguir siendo epicentro popular -eso no hay quien lo niegue- hay menos votiños; Democracia Ourensana echa cuentas -aunque no las quiera compartir con los lectores de La Voz-; Ourense en Común analiza cómo se resolvió la ecuación de las mareas; en Ciudadanos se preguntan cuánto del efecto naranja se dejará sentir a nivel local... ¿Quién dijo que la política era matemática?

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