«Cada ano sinto a mesma emoción, coma se fose a primeira vez»

Tres octogenarios participan en la ceremonia del lavatorio de pies en la catedral


ourense / la voz

Manuel Formoso tiene ochenta años y la de ayer fue la cuarta ocasión en la que desnudó su pie para que fuese lavado y besado por el obispo titular de la diócesis de Ourense durante la misa de la Cena del Señor; uno de los momentos emblemáticos de la celebración de la Semana Santa. «Cada ano sinto a mesma emoción que o primeiro; non o vives como unha repetición, senón coma se fose a primeira vez. É moi especial percibir a humildade coa que un bispo colle o teu pé para lavalo; e ao mesmo tempo sentes que un non é digno dese xesto», explica Manuel cuando se le pregunta cómo vive ese momento. En su caso tres obispos limpiaron y besaron esa extremidad: Luis Quinteiro Fiuza, José Diéguez Reboredo -que acudió en un momento en que la sede ourensana estaba vacante- y el actual, Leonardo Lemos Montanet.

Tanto él como Herminio Vázquez -que a sus 88 años ayer participaba por tercera vez en la ceremonia-, y Benigno Suárez -de 85 y para el que este Jueves Santo era la segunda ocasión-, explican que no hacen preparativos especiales para que sus pies luzcan especialmente bonitos este día «Claro que xa traes limpos os pés da casa, porque queres estar o mellor posible», apuntan los tres octogenarios. «Ao podólogo xa temos que ir normalmente para que nos collan dentro dos zapatos», bromea Manuel cuando se le pregunta si se ponen en manos de este especialista. «E a agua está a boa temperatura porque procuran non darnos sustos», añade en el mismo tono Benigno.

Sin embargo, y a pesar del buen humor con el que encaran las preguntas más frívolas relacionadas con el ritual que recrea el momento en el que Jesús lavó los pies a sus discípulos, a todos se les nota profundamente conmovidos por el acto que están a punto de protagonizar. Quizá porque para ellos la devoción y el sentimiento religioso es algo especialmente arraigado y de lo que, en contra de la tendencia actual, se sienten abiertamente orgullosos.

Los tres son miembros de la sección masculina de la agrupación de la Adoración Nocturna que preside Hipólito Alonso y que cuenta con ochenta miembros en todo el territorio diocesano; la mitad en la capital. Participar en el lavatorio de pies, eligiendo entre ellos a las doce personas -el mismo número que los apóstoles- que ocuparán las sillas ante las que se arrodilla el obispo, es uno de los servicios que la agrupación ourensana ofrece a la Iglesia.

Petición de vocaciones

Poco antes e la ceremonia del lavatorio de pies, Leonardo Lemos se dirigió a los fieles para recordarles el significado de lo que iban a ver y también que en esa última cena se instauraron varios ejes fundamentales de la religión católica, entre ellos la eucaristía; lo que le sirvió para recordar la escasez de vocaciones que mantiene a muchas parroquias ourensanas sin la celebración de misas durante semanas «a pesar de los esfuerzos de nuestros sacerdotes», señaló en su homilía el obispo.

Y es que en la diócesis ourensana lo habitual es que cada cura tenga que atender a varias parroquias; en algunos casos se cuentan por docenas..

«No hay eucaristía sin sacerdotes», recordó el titular de una de las diócesis españolas que cuenta con una mayor edad media entre sus ordenados. La incorporación de dos o tres nuevos miembros cada año -esa suele ser la media en la última década-, es totalmente insuficiente para tapar los huecos de los que fallecen y de los que tienen que apartarse del ejercicio cotidiano porque sus condiciones físicas y los achaques de la edad les hacen imposible seguir atendiendo las necesidades de sus feligreses.

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