«He dado golpes en la mesa para que me respetaran como mujer y profesional»

Isabel Vicente Santos fue la segunda mujer en colegiarse como abogada en Ourense, en el 78. Sigue activa


ourense / la voz

La presencia de una mujer en un juzgado es algo que ahora a nadie extraña, pero hace medio siglo las cosas eran muy distintas paras las que intentaban abrirse paso en una profesión que, hasta entonces, era mayoritariamente masculina. Isabel Vicente Santos fue una de ellas. Tras estudiar Derecho en la Universidad de Salamanca, se dio de alta como procuradora en Ourense en agosto de 1969. No puede decirse que tuviera la mejor de las acogidas. «Había que ver las caras de extrañeza que despertaba mi presencia en los juzgados; entonces abogados, jueces, fiscales, funcionarios y procuradores, todo eran hombres, y verme allí les generaba expectación, cuando menos», recuerda ahora esta veterana profesional, que en marzo de 1978 se colegió como abogada, siendo la segunda mujer en hacerlo en la provincia, después de Asunción Torres. Tiene el número 98.

A sus 73 años y desde su despacho de la calle Santo Domingo, al que acude diariamente a trabajar porque, por ahora, no piensa jubilarse, Isabel echa la vista atrás para recordar aquellos primeros momentos, no exentos de luchas y de disgustos. Como el que se llevó cuando, en la primera comida de San Martiño sus compañeros, todos hombres, la sentaron en la mesa de la presidencia, junto a un decano entrado en años al que apenas conocía. «Hubo que insistir mucho hasta que vieron normal trabajar con una mujer», cuenta la profesional, que también tuvo que enfrentarse a los funcionarios que se empeñaban en invisibilizarla llamándola «procurador». «He tenido que dar golpes encima de la mesa, algunos más disimulados que otros, para hacerme valer como mujer y como profesional. Incluso soportando comentarios de jueces que pensaban que las mujeres teníamos que estar en la cocina, y no en los juzgados. Eso pasaba. Y yo tuve que actuar y enfrentarme a ese magistrado; había que hacerlo», asegura.

Pero gracias al esfuerzo que hicieron ella y las compañeras que llegarían después, las puertas se fueron abriendo para las mujeres en la profesión. Hoy, de hecho, ellas son mayoría en las facultades y también en las nuevas juras que se hacen en el colegio, sin embargo cree Isabel que aún «existe una inercia que impide la igualdad, por lo que hay que seguir con las reivindicaciones».

En cuanto a su carrera, está feliz por haberse dedicado a lo que siempre quiso ser. Aunque mudarse desde su Salamanca natal a Ourense después de licenciarse no fue fácil. «El choque fue muy grande. Acostumbrada a Salamanca, que en el año 68 vivía un momento de efervescencia de reivindicaciones de todo tipo, llegar a Ourense fue un cambio grandísimo; esta ciudad era muy diferente entonces en la forma de ser de la gente. Yo tenía una manera de ser de pensamiento abierto, y eso a la gente le sorprendía», recuerda. «Entonces yo, como mujer casada, necesitaba la firma de mi marido para abrir una cuenta corriente, para aceptar una herencia o para cualquier tramite oficial; sin embargo, como procuradora podía representar a cualquiera ante los tribunales, menuda contradicción», rememora también.

Aunque primero empezó llevando temas penales, con el tiempo Isabel se ha especializado en derecho de familia y sucesiones, un campo que le apasiona. «Tiene un peso emocional importante, porque te implicas, quizás más que con otros asuntos. La gente viene muy cargada, a veces destrozada, y nosotros tenemos que hacer muchas veces de psicólogo», reconoce.

Falta de medios

Respecto al funcionamiento de la justicia en Ourense, ve una «falta de medios» que provoca que los juzgados tengan que atender demasiados asuntos, lo que a menudo produce retrasos, a veces demasiados. «Creo que no se valora lo que es la justicia para los ciudadanos, porque cuando llega tarde ya no es tan justa», opina. En el caso del juzgado de familia, una sede especialmente colapsada en los últimos meses, asegura que «bienvenida sea» la sede bis que se ha prometido por el enorme «coste emocional» que tienen esos casos.

Quién es. Profesión. Su rincón.

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Quién es. Nació en 1945 en Salamanca. En 1969, recién casada, se trasladó a Ourense, donde ha estado viviendo desde entonces.

Profesión. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Salamanca. En Ourense ejerció entre 1969 y 1978 como procuradora de los tribunales. El 1 de marzo del 78 se colegió como abogada.

Su rincón. La calle Santo Domingo, en la que vive y tiene su despacho. «Esta calle es el paradigma de lo que ha cambiado la ciudad en los últimos 50 años».

«Cuando empecé todo era tomar notas. Ahora tenemos Internet»

Isabel ha vivido en primera persona la transformación de una ciudad en la que, cuando llegó, «todo eran huertas», pero también ha sido testigo directo del cambio que ha vivido la administración de justicia. «Cuando yo empecé no había fotocopiadoras, para ver los casos había que tomar notas a mano», recuerda esta abogada.

Luego llegaron las fotocopiadoras de rollo, que ayudaban a facilitar el trabajo pero no sin algunas complicaciones. «Si guardabas las copias dentro de un expediente y no las leías en unos pocos días, luego las perdías, porque se borraban», recuerda Isabel, que admite que la carrera ha vivido una transformación enorme, sobre todo con la llegada de Internet. «Hemos pasado de tomar notas a mano para todo a no tener que movernos de nuestros asientos para recibir y leer las sentencias o resoluciones judiciales, ahora tenemos muchas más facilidades», concede esta veterana profesional.

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