La mayoría de las urgencias del CHUO son por patologías graves

El servicio atendió el pasado año 73.181 casos y recibió 180 quejas


ourense / la voz

Los tiempos de espera en las urgencias hospitalarias son siempre un tema para la polémica y, en ocasiones, se alude al mal uso de los ciudadanos que acuden a este nivel asistencial cuando su problema de salud podría resolverse en un centro de salud o Punto de Atención Continuada (PAC). Sin embargo, el coordinador del servicio del CHUO afirma que, en general, los ourensanos utilizan correctamente este servicio. «No veo un abuso; la mayoría de los que vienen tienen que hacerlo» asevera Francisco Aramburu. Ello, a pesar de en el pasado año el 34 % de los que pasaron por el servicio fueron catalogados como de nivel verde y casi otro 1 % de azul por el sistema de código de colores que se usa para fijar la prioridad en la asistencia. Entran en estas dos categorías, que sumaron 25.462 casos el pasado año, patologías banales, que no se considera graves; ni ponen en riesgo la vida ni puede ocasionar secuelas importantes el hecho de no recibir atención urgente.

Pero el gran caballo de batalla en las urgencias del CHUO -además de los casos de nivel rojo, que son atendidos de forma inmediata porque son emergencias con riesgo vital inminente- son los catalogados con los colores naranja y amarillo. Con 9.246 pacientes vistos en el primero de ellos, y 37.715, en el segundo, ambos sumaron el 64% del pasado año No pesa solo el número, sino la complejidad que presentan estos dos niveles. «Comparándolo con otros hospitales gallegos, en Ourense tenemos una urgencia mucho más compleja porque la mayoría son muy mayores; estamos trabajando con muchos pacientes entre 85 y hasta 105 años», señala Aramburu.

Son pacientes frágiles, con múltiples patologías crónicas de base, que llegan con descompensaciones cardíacas, complicaciones respiratorias, fiebre y otros síntomas, y que requieren de más tiempo en la atención por parte de los profesionales del servicio.

Según los datos del pasado año, la media de espera para los amarillos fue de 88 minutos, frente a los 60 que se establece como ideal por el sistema de triage. «Necesitas más tiempo para historiarlos, para hablar con ellos, para pruebas..., y muchos tienen además demencias y circunstancias sociales complejas porque viven solos, o con otra persona muy mayor, o están en residencias. Son el colectivo que más nos ocupa, y el que más nos preocupa porque son pacientes graves que requieren no demorarse mucho en el tiempo de atención», añade Aramburu.

La media del CHUO el pasado año para los catalogados en el segundo nivel de prioridad, los naranjas, se quedó en quince minutos; cinco más de lo recomendado como tiempo ideal. «Esa es la cifra global; desglosada nos da que el 75 % están dentro de esos diez minutos, pero cuando hay picos de demanda, sobre todo en meses de gripes y problemas respiratorios, la espera aumenta inevitablemente» aclara el responsable del servicio.

El cuadro de actividad refleja que los lunes y los viernes son los más complejos y, en cuanto a horarios, los picos de llegadas se producen a partir de las diez de la mañana y de 4 a 8 de la tarde.

Reclamaciones

El pasado año pasaron por las urgencias del CHUO 73.181 personas y el servicio recibió 180 reclamaciones, muchas de ellas son por la espera para ser atendidos. «Normalmente son quejas de pacientes que esperan tres, cuatro, cinco o seis horas, pero que son verdes o azules. Puede haber algún amarillo que se te escape de la media y espere más de lo previsto, pero la mayoría son personas que pueden esperar. El problema es que mucha gente no comprende que alguien que llega después, entre antes», explica el jefe de servicio, que recuerda que «todo urgente no tiene por qué ser grave y no toda patología grave es siempre urgente».

La espera media para el traslado a planta se redujo a 150 minutos en el último año

Aunque la cifra de población en Ourense está en constante descenso, la actividad urgente del CHUO no paran de crecer. El pasado año se vieron 73.181 casos en las urgencias generales -101.467 si se suman las de ginecología y pediatría-, lo que supone cuatro mil más que en 2017. El incremento es un reflejo del envejecimiento que, a su vez, influye en el porcentaje de ingresos en el hospital derivados desde las urgencias. El 90 % de los catalogados como naranjas y el 50 % de los amarillos acaban ingresando. Algo que plantea varios retos, tanto en lo asistencial como en la organización de los flujos para evitar retrasos en la subida a planta y que provocan acumulación de pacientes en espera en pasillos y otros espacios del área de urgencias.

Hace un año se puso en marcha un nuevo sistema de coordinación entre los distintos servicios para agilizar el proceso y el drenaje de Urgencias y, según el responsable del servicio «la situación ha mejorado mucho». «Ahora mismo, según los datos de control que tenemos, el tiempo de estancia media en nuestro servicio, desde que se ordena el ingreso hasta que el paciente sube a su habitación en planta, está en dos horas y media», afirma Aramburu, que matiza que este es un dato global «que evidentemente en picos asistenciales, es mayor». El crecimiento del servicio de Hospitalización a Domicilio también ayuda. Cada vez hay más personas que, tras su paso por la atención urgente, se recupera en su casa con la atención de los equipos de profesionales sanitarios de ese servicio. En 2018 fueron medio millar.

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