No insulten por favor


Con los ojos como platos. Así me quedé cuando esta semana leía una nota de prensa del Concello titulada «Tres camiños rurais serán mellorados no seu firme». Vale que no estamos para inaugurar un Guggenheim pero , ¿de verdad es necesario publicitar algo así? ¿No debería dar hasta vergüencita tenerlos sin arreglar? Pero a todo hay quien gane. Y en este caso se superaba a sí mismo el gobierno de Jesús Vázquez haciendo balance de las obras en instalaciones deportivas y especificando la retirada de unos arbustos y la instalación de una nueva canasta. No dudo de que estas y las otras intervenciones tengan gran importancia para los vecinos que van a disfrutarlas pero intentar convertir una obligación, que es tener la ciudad decente, en un logro extraordinario de gestión que merece su propia nota de prensa resulta descorazonador. Todo cobra sentido cuando uno recuerda que estamos ya en precampaña (la precampaña es un eufemismo) electoral y todo vale para apañar votiños. Si yo tuviera que pedirle a los políticos que me hicieran alguna promesa lo tengo claro: no nos insulten por favor. Y es que ya en demasiadas ocasiones nos sentimos tontos para que además ustedes hagan alardes, con el camino rural, con la canasta y con tantas cosas. Que conste que no es este defecto de un partido ni de un concello en concreto. Es un problema general, un virus que inocula la precampaña y que solo se cura con el pinchazo de las elecciones. Si a las medallitas y las promesas creí que podría acostumbrarme hay un nuevo comportamiento en la política ourensana que me va a costar mucho más digerir. Acumulamos ya varios casos de alcaldes que han cambiado de partido sin rubor y que, además, tienen la poca vergüenza de decir que lo hacen por el bien de los vecinos. Repito la petición: no nos insulten. Si usted quiere cambiar de partido, o de ideas (en el hipotético caso de que las tuviera), adelante. Pero no quiera hacernos creer a los que tenemos que votarle que ha visto la luz.

El culmen de esta forma de comportarse lo representan Pachi Vázquez y compañía. De él sabíamos que era socialista como podía haber sido aficionado a la botánica. Pero cuánto le valió el PSOE cuando fue su pasaporte al poder. Y qué decir de quienes le rodean, que durante años quisieron parecen más socialistas que Pablo Iglesias y que ahora que no sopla el viento a su favor (y lo de su favor es literal) se sacuden las siglas.

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