¿Viejos o seniles?


Somos viejos. Lo dice el Instituto Nacional de Estadística, que con sus estudios ha determinado que la media de edad de los ourensanos ya está en los cincuenta años, la más alta de Galicia. Lo vemos también cualquiera de nosotros cada día. En el supermercado o en las colas para coger el autobús, en los parques, las tiendas, y también cuando nos damos un paseo por la provincia, en la que se mueren de soledad decenas de pueblos que hace años se quedaron sin vecinos.

Y no parece sencillo que esa situación pueda cambiar. Medidas como el cheque bebé -poco más se ha hecho en los últimos años contra el bajón de natalidad que nos está llevando a ser cada vez más viejos- parecen poco más que una pequeña tirita insuficiente para cubrir una grieta por la que se han colado centenares de jóvenes que hoy quizás lean esto desde una pantalla de ordenador o de móvil, a miles de kilómetros. Porque hay más jóvenes ourensanos de los que cuenta el INE, pero resulta que no lo sabe porque no están aquí.

Así que no estamos hablando solo de un problema poblacional, sino también de un asunto económico y social que sí tiene solución. Conseguir que los que se fueron regresen y contribuir a que los que ahora están estudiando no tengan que marcharse fuera para tener un futuro parece fundamental para que haya algo de luz al final del túnel. Porque seremos mayores, pero no tanto como para no ver que se pueden hacer cosas. Ahí están las próximas elecciones municipales. Una oportunidad para demostrar que quizás seamos viejos, pero seniles todavía no.

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