Moralización emocional


La cultura política actual ha reemplazado el razonamiento político con la moralización emocional. Uno de los mayores problemas que veo en el panorama político es el hecho de que solo se moraliza en lugar de discutir. Esto tiene serias consecuencias para la política. Actualmente la sociedad echa en cara a los grandes partidos que están alejados de la realidad de la vida de los ciudadanos. Por eso estos tienen que volver a la arena de la discusión objetiva, aplicar el realismo empático y tener voluntad de tomar decisiones políticas, porque sin una cultura de liderazgo ninguna sociedad puede sobrevivir. Necesitamos instituciones mucho más flexibles, que no vayan en una sola dirección, sino que estén preparadas y listas para profundizar donde tenga sentido y desmantelar donde sea necesario. Tenemos que manejar de una forma inteligente las incertidumbres de hoy y hacer más legible el presente ilegible.

No niego que la actual moda de la moralización de la política tenga efectos positivos, sobre todo a la hora de fortalecer la integridad de la clase política, sacudida en los últimos años por un preocupante nivel de corrupción. Pero la moral puede ser un arma de doble filo. Puede unir y cohesionar, pero puede ser la mecha para iniciar el conflicto, el antagonismo y la violencia entre grupos que abrazan valores morales opuestos. No hay que defender las opiniones morales de una forma marcadamente absolutista.

No hay una sola postura correcta en un debate moral y no hay que estigmatizar al otro por estar supuestamente equivocado.

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