Catherine L'Ecuyer: «Me rechazaron en dos empresas españolas por estar embarazada»

Ana Abelenda Vázquez
Ana Abelenda REDACCIÓN / LA VOZ

OURENSE

Pinto & Chinto

L'Ecuyer es divulgadora y autora de «Educar en el asombro»

04 dic 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El juego libre, la naturaleza y el silencio son tres claves que ofrece Catherine L’Ecuyer (Quebec, 1974) para respetar la manera que tiene un niño de descubrir el mundo. Madre de cuatro hijos, de 13, 12, 10 y 7 años, la autora de los bestsellers Educar en el asombro (24.ª edición) y Educar en la realidad (8.ª) pisó el cole por primera vez cuando tenía 7 años. «Antes, estaba en casa con mi madre y mis hermanos subiéndome a los árboles. Vivíamos en el campo, en Canadá, y mis padres tenían como hobby el cuidado de una granja de 30.000 faisanes. Teníamos muy pocos juguetes, no los necesitábamos», asegura esta adicta a la lectura y seguidora del estilo Montessori.

-¿Cómo se cultiva el asombro en un mundo hiperactivo?

-Con el contacto con la naturaleza, el silencio, el respeto por los ritmos de los niños y su sed de belleza, de misterio…

-¿Y el fruto del asombro es...?

-El agradecimiento del que no da nada por supuesto.

-Madre de cuatro, ¿fue este grado en maternidad lo que la convirtió en «bestseller»?

-Bueno... la maternidad me llevó a investigar, pero el camino para publicar fue otro. En el 2010 sufrí un grave accidente de coche embarazada y estuve seis meses de baja. Ahí fue cuando escribí el libro.

-¿Lo escribió en español?

-Sí, en mi tercer idioma y, cuando le pedí a mi marido que me revisara el estilo, me dijo: «No hace falta, cariño, ¡es que no tienes estilo!», ja, ja, ja.

-¿Cuenta con los dedos?

-No, pero cuento en francés. Llegué aquí con 28 años y hay cosas que una no puede cambiar…

-¿Cómo cambió su vida cuando se vino de Canadá a España?

-Metía la pata cada día. Pidiendo al carnicero «ternura» en vez de «ternera»… o regalando polvorones a mi suegra en pleno mes de julio. Y hay choques culturales más radicales...

-Cuéntenos.

-En la cultura española, los lazos de amistad y familiares son más auténticos, pero la otra cara de la moneda es que se encuentra mucha homogeneidad en esos grupos: la gente tiende a pensar igual y a no querer destacar con ideas propias.