Náufragos en la Atlántica

La experiencia inclasificable de la pintura de Xesús Vázquez en el Centro Cultural Marcos Valcárcel


ourense

«El artista nuevo tiene que ser fiel a sí mismo, ser un creador, ser capaz de construir sus propios cimientos directamente y solo, sin apoyarse en el pasado o la tradición. La fórmula es su antítesis». Egon Schiele.

El veterano artista Xesús Vázquez presenta la colección Hinterland en el Centro Cultural Marcos Valcárcel.

La exposición del histórico renovador de la plástica gallega, miembro de la Atlántica -revolucionario grupo artístico de los 80, formado por más de una veintena de creadores multidisciplinares con una actividad vinculada a la vanguardia y experimentación y a una voluntad común de renovación plástica y espíritu atlántico que se aproximaba al concepto germánico de Volksgeist, individualismo, subjetivismo, identidad y memoria y un arraigado sentimiento nacionalista y romántico a la vez que un componente heteróclito en «la mirada oceánica»- experimenta a través de obras monumentales con nuevos materiales y conceptualizaciones del paisaje.

Xesús Vázquez parte de un expresionismo abstracto vinculado a la tensión entre espacio y color para volver a la figuración y un entorno de panteísmo existencial que plantea una resistencia. Un pulso entre la intensidad del individuo y lo inabarcable del espacio.

El creador como Uslé, instala el lirismo en la obra a través de las armonías abstractas que se equilibran en el espacio como geométricas escenografías de cuya atmósfera se adelgaza el aire, volviéndose mental y psíquico, que segrega la formas de manera turbadora y existencial en una metáfora de la alienación y la soledad contemporánea.

Las formas atemporales de Xesús Vázquez tienen la esencia de lo sublime en el paisaje con cierto romanticismo premonitorio de naufragios de William Turner y lírica en esencia de Goethe, la cosmovisión de Nietzsche y Heidegger y la mirada pesimista de Schopenhauer en una pintura que da vértigo por su atmósfera concentrada, disnea existencial ante una naturaleza inmensa y turbadora. Agorafobia que trasciende en Hinterland al ser confinado en sí mismo, prisionero de sí, reo en el refugio falso de la sociedad y la alienación. Paisajes desiertos donde el desamparo humano se traduce en iceberg, fiordo, mar de nubes como en el caminante de Friedrich, mar de hielo, horizonte al borde de uno mismo, enfrente del precipicio irresistible de la naturaleza.

La exclusión en Anatema, maldición. El ser segregado. Amputado. Aislado.

Inquietante es End Times, alternativa de aislamiento y olor a naufragio con la alarma premonitoria y fatal de quien está amenazado por una catástrofe inminente que se materializa en la grafía: «Mene, Mene, Tekel Ufarsin». Cuenta el libro de Daniel 5:26-28 que el rey Baltasar de Babilonia profanó los vasos sagrados del Templo de Salomón en Jerusalén y el dedo de Dios esculpió esta alarmante inscripción en la pared del palacio Mene: «Contó Dios tu reino y le ha puesto fin», Tekel: «Pesado has sido en la balanza y fuiste hallado falto», Ufarsin: «Tu reino ha sido roto y dado a los Medos y a los Persas». Profecía que se cumplió esa misma noche con la caída de Babilonia a manos de Darío el Medo y el asesinato de Baltasar. Expresión que trascendió como amargo e irreversible presagio. Escenografía del vértigo. Expresión de la angustia.

El artista multiestilístico e inclasificable, extiende su experimentación a los materiales siendo único y notable el tratamiento del papel de embalaje como soporte plástico, generador de extraordinarias texturas.

La interferencia pluriexpresiva que sugiere mediante manchas, planos y colores, suscita una trepidación de la imagen en el espejo empañado de lo sublime, de la inestabilidad visual que ejerce como suerte de mareo su alteración envolvente del espacio atmosférico como escenografía existencial, intemporal y laberíntico que implica siempre un retorno como un tempo musical, metáfora obsesiva de irremediable náufrago.

Creador inconformista continúa revolucionando arte y estética en base a su gran experiencia y a un talento innato que asienta sus bases en un vasto conocimiento de la técnica y de la cultura, de la literatura, la filosofía y la música. Un humanista que sorprende en la capacidad de reinventarse a través de la experimentación en sus múltiples lenguajes tanto figurativos como abstractos.

El espectador se convierte en actor de su propio vértigo al sentirse inmerso dentro de la obra monumental.

El abismo interior se desplaza al espacio plástico para situarnos al borde mismo del ser en el epicentro de la angustia.

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