Rebeldes


Una amiga, de esas mujeres para quitarse el sombrero, le regaló a mis hijas el libro Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes: cien mujeres reales que han hecho historia aunque a veces la historia no las haya tenido en cuenta. Hay de todo: contemporáneas, pero también, como dicen mis hijas, «muertísimas». Blancas, negras. De clase alta, de clase baja. Deportistas, políticas, científicas, cantantes... mujeres que decidieron hacer algo para defender sus derechos. Como Coy, la niña transexual que consiguió ir al baño de chicas en su colegio, o Manal, la saudí que colgó un vídeo en Youtube conduciendo cuando ella, y las demás mujeres, lo tenían prohibido. A mis hijas les encanta leer las historias y después buscar fotos, vídeos o más información sobre esas protagonistas de cuentos muy reales (aunque no haya reyes, ni príncipes). Pero la mayoría de las veces se quedan con una sensación rara, como si lo que yo leo con ellas para ponerles una inyección de realidad les resultara más ficticio que los clásicos en los que una princesa duerme durante cien años o una doncella vive con siete enanitos. Y es que cuando se enteran de que una mujer tenía que firmar sus libros como un hombre o que una niña no podía ir al colegio por el mero hecho de serlo, por poner solo dos ejemplos, no se lo pueden creer. Les parece algo muy raro. Y a mí me alivia que sea así aunque sepa -porque solo hay que mirar alrededor, hoy más que nunca- que todavía quedan muchos cuentos para niñas rebeldes por escribir.

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