La puñalada de una mujer a su expareja tras una agresión previa le cuesta seis meses de prisión

El hombre, reincidente, ha sido condenado por quebrantamiento de condena y malos tratos a causa del mismo episodio

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ourense / la voz

Que Fernando F. A. es un maltratador ya lo había declarado una sentencia del 2014. También contaba en su historial con otra del 2012 por quebrantamiento de condena. No podía acercarse a menos de trescientos metros de su expareja, ni comunicar con ella, por sentencia firme, que concretaba esas medidas para un período de dos años y ocho meses. Por eso, cuando se presentó en casa de la mujer el día 14 de marzo del 2014, pocas semanas después de la medida, sabía que estaba incumpliendo. Tenía fresco el aviso, pero entró y actuó en la vivienda como otras veces. Aquel día, sin embargo, salió con una puñalada en la pierna izquierda. Pelearon y ella respondió de forma contundente. Ha sido condenada a seis meses de prisión por lesiones. Él, dentro del mismo procedimiento, por malos tratos cumplirá sesenta días de trabajos comunitarios y añade dos años de alejamiento. Por quebranta la anterior medida de protección, nueve meses de prisión.

El caso se ha cerrado después de que el representante del ministerio público rebajara la petición inicial de treinta meses de prisión. Los dos implicados en este incidente se habían golpeado recíprocamente en el momento en el que el hombre accedió a la vivienda. Tras ser agarrada por el cuello y arrojada contra un sofá, la mujer fue a la cocina, donde tomó un cuchillo con el que, de regreso al salón, asestó una puñalada en la pierna derecha del agresor. Precisó tratamiento quirúrgico consistente en puntos de sutura, un hecho que agrava la calificación jurídica del episodio.

La vista oral por este asunto se había suspendido en tres ocasiones, siempre por ausencia de la mujer. La tercera incomparecencia, al concurrir la petición de pena de prisión, dio lugar a que desde el Juzgado de lo Penal se dictará una orden de búsqueda y detención. El asunto quedó ayer zanjada, al haber mostrado las partes disposición a un acuerdo. La situación más delicada era la de la mujer, pues la petición inicial de condena fácilmente acarrearía su ingreso en prisión. Al haber reducido el fiscal la solicitud de pena, sin necesidad de acudir a la legítima defensa, como ella invocaba, pero dejando la pena en su mínimo, la propuesta fue suficiente para cerrar el caso.

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