«Mi sueño es hacer el Camino desde Roma, cuatro meses tirado por ahí»

Olimpio Quiroga peregrina a Santiago por cuarto año, esta vez desde Lisboa

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p. s.
OURENSE / LA VOZ

Cuenta Olimpio Quiroga Rodríguez (Asturias, 1954) su historia tomándose un descanso en un bar de Alvaiazere, en Portugal, tras haber recorrido 33 kilómetros a casi 40 grados. Es la cuarta vez que realiza el Camino de Santiago. Se estrenó hace cuatro años desde Roncesvalles. Luego fue Sevilla. El año pasado arrancó en Irún. Tiene claro que para entenderlo hay que vivirlo.

-¿Por qué se decidió a hacer el camino?

-Me prejubilé y tomé una de esas decisiones locas cuando tienes necesidad de aventura. Además me gusta mucho caminar.

-¿Y por qué repitió?

-Lo que entraña el camino es muy difícil de explicar. Me gustó mucho, conoces a mucha gente. Me quedó una buena sensación en el cuerpo y ahora, en cuanto pueda y me responden las piernas, seguiré haciéndolo. Este año tocó desde Lisboa, que son unos 650 kilómetros más o menos.

-¿Las localizaciones de inicio del camino cómo las eligió?

- Trato de hacerlo desde todos los lugares que son origen de las distintas rutas. Tengo uno en mente, que es mi gran reto como peregrino. A ver si puedo hacerlo el año próximo. Mi sueño en hacer el camino desde Roma, estar cuatro meses por ahí tirado.

-Ya se ve a si mismo como un peregrino más, ¿no?

-Claro. Yo soy peregrino de los de verdad. Me gusta ir a los albergues del camino, nada de hoteles ni pensiones.

-¿Cada vez ha sido distinta?

-Son todas iguales, solo que el año pasado, por ejemplo, por el del norte fue especialmente gratificante por la gran cantidad de gente maravillosa que conocí. Conecté más. Aquí, por ejemplo, he tenido menos contacto porque no hay peregrinos. Espero que al pasar Oporto haya más.

-¿El momento de llegar es siempre como la primera vez?

-En realidad, cada vez es mejor. No se puede explicar. Pasar el arco con el músico y entrar después en el Obradoiro impresiona. Cada uno entra a su manera, con gritos, llantos, abrazos... Yo hago la foto de rigor y después voy a la misa del peregrino.

-Además de hacer el camino, aprovecha para conocer más sitios de España o Portugal...

-Siempre digo que en el camino he conocido lugares a los que jamás iría y que, además, jamás me habría imaginado.

-¿Puede decirme alguna anécdota que le haya marcado?

-Hoy mismo, en una etapa muy larga y a 38 grados, lo mejor es pasar por pueblos donde la gente se para y me ofrece agua fría. Es grato percibir la solidaridad de cómo reciben a los peregrinos. El año pasado, en el País Vasco, una chica a la que había visto varias veces, perdió el móvil y venía llorando. Le di un abrazo porque estaba destrozada y ella me lo devolvió y me lo agradeció. Cosas tan especiales te dan una alegría impresionante.

-¿Entonces lo mejor del camino diría que es la convivencia?

-Exactamente. El conocer a gente es fundamental, no solo a los peregrinos, sino también a la gente de los lugares donde paras. Son solidarios con nosotros, aunque también es verdad que dejamos mucho dinero en el camino.

-¿Es muy caro el camino en recorridos tan largos?

­-Lo es. Se deja mucho dinero, aunque cada uno lo hace a su medida económica. Hay que pagar todas las comidas y dormir fuera. Aunque también hay margen para las sorpresas. El año pasado, con un grupo numeroso en el País Vasco, un chico nos hizo la cena: haces cosas así y vas apañando. La relación y la convivencia con los peregrinos es lo más importante, te da la sensación de que los conoces de toda la vida, hablas de tus cosas personales.

-¿Va siempre solo?

-Sí, sí. Lo que más me motiva es ir solo. Nadie lo entiende. Yo quiero andar a mi bola, a mi ritmo. Pienso en mi vida, en mis hijos, en mis cosas...

-¿Qué es lo mejor que le han aportado estas experiencias? Aunque una aún sin terminar...

-La sensibilidad y la superación personal en todos los sentidos: humanitario, convivencia, espiritual, religioso... Cuando vuelvo a casa del camino llego eufórico. Aunque sea cansado y sacrificado, llego con las pilas cargadas. Hablo seguido del camino, nadie me entiende, pero es igual.

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