«Es como si fuera un bosque encantado»

La viticultura heroica, el relieve y las vistas desde los distintos miradores son los elementos que más atraen a los turistas hasta la Ribeira Sacra

m. c.
ourense / la voz

Ribeira Sacra es parada obligatoria para todos aquellos que eligen tranquilidad y naturaleza como aliados en sus vacaciones. Cada vez más extranjeros se dejan impresionar por la hora y media que dura el trayecto en el catamarán que recorre gran parte de los Cañones del Sil. «Vienen muchos italianos, tenemos incluso algunos grupos de franceses y de rusos. Aquí todo el día está lleno de gente», explicaba Eva Carballo, una de las trabajadoras de la zona turística.

El miércoles de esta misma semana el embarcadero de Santo Estevo estaba atestado de turistas. Familias, parejas y grupos de jóvenes esperaban ansiosos su turno. Muchos de ellos repitiendo la experiencia y acompañados de amigos a los que sorprender. Porque si algo hacen las vistas, la ruta en catamarán o los viñedos es quitar el aliento. «No es nuestra primera vez, ya hemos estado aquí hace al menos quince años. No hay un trozo del recorrido que te digamos que no nos gusta. Las vistas, lo que nos explican, todo», contaba una pareja de Barcelona. Carlos, el marido, destacaba la zona de cultivo. «Los viñedos ahí puestos y la explicación de cómo se hacían artesanalmente a mano, la gente que ha caído hacia abajo... Antes era deporte de riesgo», contaba. Con ellos coincidían un grupo de excursionistas procedentes de Valencia. «A mí lo que más me gustó fueron las viñas. Los relieves de las rocas, la altura de ellas y las vistas. A mi hija le gustó mucho el bosque, lo frondoso que es, como si fuera un bosque encantado», decía Eva.

Pero las vistas y los viñedos no solo se pueden disfrutar durante ese trayecto acuático, muchos otros eligen disfrutar de las panorámicas a metros de altura. Los miradores más solicitados para hacerlo son los Balcones de Madrid y el de Cabezoás. Estos y otros muchos repartidos por toda la zona hacen casi imposible no detenerse en ellos para fotografiar y disfrutar del paisaje. Precisamente este era el caso de una familia gallega afincada en Tarragona. «Las vistas son espectaculares, eso sí, lo que menos nos gusta por aquí es la carretera», señalaban. Quizás sea esto último lo único que se le puede reprochar a la zona. Pero con obras o con curvas, nada frena a los visitantes.

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