«Siempre he estado muy metido en todo lo que se hacía en esta ciudad»

De familia de comerciantes, Luis Rivera fue el único de ocho hermanos que siguió la tradición

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ourense / la voz

De su infancia tiene Luis Rivera Fernández muchos recuerdos. Todos buenos. Ser el quinto de ocho hermanos le permitía muchas veces -y lo dice como alguno bueno- pasar desapercibido, así que vivió sus primeros años felices. En aquel piso de la rúa do Paseo, en la que hoy siguen residiendo sus padres, vivía también Isabel. «Era como nuestra abuela y fue un referente para todos nosotros», cuenta el protagonista. De niño era frecuente que visitara la casa de Ramón Otero Pedrayo, porque allí trabajaba la hermana de Isabel, y también que sus padres trajeran a casa a «invitados importantes», que hablaban sobre asuntos políticos o, tras acceder a la vivienda diciendo una contraseña, pasaban al salón de casa para ver alguna película entonces prohibida, como El acorazado Potemkin. «Todo era emocionante para nosotros, en parte porque mi padre es una persona muy fantasiosa, que a todo le echaba mucha imaginación», recuerda Luis.

Su primer contacto con la enseñanza fue en el colegio La Purísima de la mano de sor Sabina, todo un referente en aquellos tiempos en Ourense. Luego pasó a Maristas y, más tarde, al colegio Calvo Sotelo, el actual CEIP As Mercedes, que resultó ser un centro educativo de lo más innovador. «En la época de la transición, cuando en los colegios no se estudiaba gallego, allí ya nos lo enseñaban. Además, elegíamos tanto al delegado de curso como al tutor por votación; todo era muy democrático», recuerda. Entonces todos eran profesores jóvenes y, durante su estancia allí, Luis rememora haber vivido su primera protesta estudiantil, con solo once años. «No teníamos calefacción y la verdad es que pasábamos bastante frío. Así que un día, tras el recreo, nos quedamos en el patio y empezamos a gritar que queríamos calefacción, y aquello salió bien porque enseguida empezaron a llegar estufas de butano. Tengo un recuerdo bonito de aquello, porque teníamos miedo de hacerlo, pero al final nos atrevimos», cuenta.

Salesianos fue, ya en el BUP, una etapa crucial de su vida, porque allí hizo muchos amigos que aún conserva. Luego pasó por el instituto de O Couto, que en aquel entonces no estaba en ese barrio. «Se ubicaba en el antiguo hospital provincial, en lo que hoy es el campus, y nosotros siempre decíamos que nuestro aula debía de haber sido la morgue, bromeábamos con eso e incluso nos parecía que oíamos voces», asegura. Terminados los estudios, Rivera decidió que quería seguir la tradición de una familia de comerciantes. «Mi abuelo paterno, Julio, fue el encargado de Hijos de Simeón García, y mi otro abuelo, David, fue lo que hoy llamaríamos un emprendedor, porque tuvo muchos negocios. Emigró a Cuba muy joven y a la vuelta, en 1932, fundó Almacenes La Verdad», cuenta Luis, que decidió integrarse en el negocio, en el que ya había pasado muchos ratos libres de su vida.

Y también fue pinchadiscos. «Estuve poniendo música en el pub Charol, y luego en la discoteca Luna 11; compaginando eso con el trabajo en la tienda y siempre muy metido en todo lo que se hacía en la ciudad; la verdad es que tengo vocación hípermegaourensana», advierte. Reconoce, no obstante, que es bueno salir de la provincia para conocer otras cosas, aunque no tener que hacerlo por obligación, como está pasando con muchos jóvenes. «En realidad eso no es nada nuevo; de mis hermanos solo dos vivimos en Ourense, aunque ahora las cosas están cada vez peor», opina.

Se casó, tuvo dos hijos, y un día decidió montar su propio negocio, una tienda de decoración que fue muy bien hasta que llegó la crisis. Entonces también se complicaron las cosas en los almacenes. «Fuimos víctimas de un claro caso de mobbing inmobiliario con el permiso de las corporaciones municipales del momento», asegura. Al final les dieron un plazo para desalojar y, el último día, varias dotaciones de la policía local se presentaron con la orden de precinto. «Aquello fue un desastre», recuerda. Pero, como él mismo reconoce, «todo se supera y de todo se aprende». Ahora él tiene un negocio de interiorismo y preside la asociación de comerciantes Ourense Centro. Esa cabeza que tiene, no para.

«El comercio debe estar unido; nos necesitamos los unos a los otros»

A Luis Rivera el tema del asociacionismo entre comerciantes le viene de hace mucho tiempo. Recuerda que a los 22 años montó con otro empresario, Francisco Nieto Salgado, la zona comercial Aúrea, en las calles Lamas Carvajal y avenida de Pontevedra. «El primer congreso de comercio que se hizo en Ourense lo montamos él y yo», asegura, recordando campañas de promoción con mucho éxito. Luego llegaron las grandes superficies pero el comercio, o gran parte, resistió. Ahora el reto es Internet. «Nosotros estamos cada vez más asfixiados y tenemos que luchar contra gigantes de venta online, como Amazon; eso es muy complicado», advierte. Por eso defiende que «necesitamos los unos de los otros para sobrellevar esta situación. Ourense pide a gritos el asociacionismo», y ve al comercio local no debilitado, sino diferente. «Han cambiado los modos de consumo y también los comercios. Ahora ya no duran 80 años, como el nuestro, pero en Ourense se hacen grandes cosas y hay muchos comerciantes que están dando un gran ejemplo».

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