«Las Becas Europa buscan despertar el afán por cambiar y mejorar el mundo»

Pedro López Vázquez de Parga es uno de los dos gallegos que han ganado una de las ayudas para este verano


ourense / la voz

«Nelson Mandela decía que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo y por ello lo primero es conocerlo. Debemos educarnos y estudiar para ser personas cultas y formadas. Asimismo, viajar nos abre la mente y hace que seamos mucho más conscientes de los problemas globales», comienza explicando Pedro López Vázquez de Parga en su vídeo de candidatura para obtener una Beca Europa.

A sus 18 años, este joven ourensano ya ha realizado dos voluntariados internacionales: uno en la India y otro en Sudáfrica. Y cuenta que fue su madre la que descubrió, a través de un anuncio en Google, que podía irse con una oenegé hasta el segundo país del mundo con más habitantes -1.240 millones de personas se calcula que viven en India-. Así que, cuando cursaba tercero de la ESO, llenó la maleta de ganas por mejorar la vida de personas que no conocía de nada y se subió a un avión para cooperar en la rehabilitación de escuelas y ayudar a otros niños que no tuvieron la suerte de nacer con sus mismas ventajas. «Algunos estaban todo el día trabajando y les enseñábamos conocimientos básicos para que el siguiente curso pudieran entrar al colegio», relata sobre la experiencia.

«Sin embargo, no hace falta irse a la otra punta del planeta para mejorarlo, también se puede cambiar el mundo con los pequeños detalles», prosigue en la grabación del vídeo que le sirvió para pasar una de las fases de selección y que tuvo que elaborar en el verano de tránsito de primero a segundo de Bachillerato.

Se conceden cada año un total de cincuenta becas de este tipo, que otorgan la Universidad Francisco de Vitoria y el Banco Santander y este curso tan solo dos han recaído en alumnos gallegos.

Las cuatrocientas personas seleccionadas tras grabar el vídeo de un minuto en el que explicaban cómo se puede cambiar el mundo tuvieron que pasar un psicotécnico, un examen de inglés y otro de vocabulario tras lo cual se seleccionó a doscientos estudiantes. «Lo siguiente fue pasar un fin de semana en Madrid durante el cual tuvimos que explicar unos trabajos que habíamos realizado previamente con compañeros sobre un campo de refugiados», explica el ourensano.

Tras una entrevista personal y pruebas de cultura general quedaron los cincuenta seleccionados que podrán viajar, este verano, por las principales universidades europeas. «En julio, durante veinte días, visitaremos diferentes campus y asistiremos a ponencias de personalidades destacadas de la cultura. Y yo creo que, además de tantear otras universidades, uno de los objetivos de estas becas es despertar, en una serie de gente con cualidades muy diversas, un afán por querer cambiar el mundo y mejorarlo», explica.

Mientras cursaba la ESO estudió chino, ruso y alemán y participó en proyectos de investigación de las aulas de Tecnópole. Y aunque siempre le gustó la Física, reconoce que le encantaría dedicarse profesionalmente a trabajar en el cuerpo diplomático. «Quiero opositar para ello porque siempre me ha gustado viajar y conocer otras culturas, así que me gustaría enfocarme en ese objetivo». Pero antes de poder entrar en la Escuela Diplomática -de difícil acceso- intentará estudiar el doble grado de Derecho y Relaciones Internacionales en Madrid.

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