No se puede pasar página con la inseguridad vial


No se puede pasar página con la inseguridad vial. El titular es intencionado, para incidir en que debemos pararnos a reflexionar. Algo en esta sociedad no está funcionando bien cuando, día a día, vemos publicados determinados sucesos en los medios de comunicación. Como activista por la seguridad vial me estoy refiriendo al alto índice de conductores reincidentes que dan positivo en alcohol y drogas. Recientemente en nuestra provincia saltaba a la luz pública la de un conductor residente en Cea que en tres días consecutivos fue localizado jugándose la vida -y la de los demás- por una irresponsabilidad, al ir conduciendo con una elevada tasa de alcohol.

No podemos pasar página con un problema social trasladado a nuestras carreteras, a las calles de la ciudad o de cualquier otra localidad. Lo digo abiertamente: esta sociedad está enferma y su reflejo lo vemos diariamente en la inseguridad vial que producen las personas que conducen un vehículo en esas condiciones psicofísicas.

La sociedad, igual que con el resto de problemas, tiene que ser tajante e intolerante con este tipo de actitudes. Además las autoridades sanitarias tienen que iniciar los mecanismos para tratar a estas personas y la Justicia ser contundente con esta problemática vial.

¿Saben ustedes que en Francia el solo hecho de dar positivo en alcohol supone que al conductor le requisen el vehículo durante 72 horas? Y, por supuesto, no se trata de leer una noticia al respecto y pasar página. Se trata de darse cuenta de que esta problemática es de la sociedad en su conjunto y como parte de ella somos también, debemos serlo, parte de la solución.

La problemática es compleja pero con posibles soluciones basada en tres pilares: educación, responsabilidad penal y reacción, esto último en base un poco a lo que está pasando con casos como el reseñado: no se entiende ni se admite que una persona con un supuesto delito contra la seguridad vial sobre sus espaldas pueda tener acceso de nuevo al vehículo y de manera reiterada. Falla el mecanismo legislativo penal para estos casos tan graves y es necesario un análisis en profundidad y un cambio para estos hechos delictivos que suceden con mucha asiduidad y sin la debida consecuencia penal suficiente.

Recientemente un familiar que trabaja en Noruega me contaba que allí la dureza de las penas para estos temas es enérgica e incluso el hábito del consumo del alcohol en su venta muy restringido: en este país se limita la venta de alcohol y de acceso en las tiendas de las nueve de la mañana a las seis de la tarde, incluso en las maquinas expendedoras. Me comentaba con cierta retranca que la cultura de la fiesta y alcohol no se ve, no se percibe, de la misma manera que en nuestro país. ¿Qué quiero decir con esto? Que nos falta la cultura de asimilar que todo gire a ese respecto en torno al alto consumo de alcohol y la facilidad para acceder a él. Pero si se consume hay que tener la conciencia y la responsabilidad de no conducir un vehículo. Existen otras alternativas como el transporte público o como el conductor alternativo. A esto se le llama educación, concienciación, sensibilización... tres palabras que en materia de seguridad vial nos cuesta como sociedad interiorizar. Ante sucesos como este de Ourense o el más reciente del atropello a un grupo de ciclistas, se pasa página de nuevo sin ni siquiera producirse una alarma social.

Benito Bouzada es colaborador de la organización Stop Accidentes

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