«Se nos asocia mucho con lo punitivo y lo que más hacemos es supervisar»

EL inspector jefe de Educación confiesa que lo menos gratificante son los procedimientos disciplinarios


ourense / la voz

José Fisteos Suengas se dedicó a la docencia desde 1978 hasta 1995, momento en el que pasó a formar parte del equipo de Inspección de Ourense. En el 2004 ascendió a inspector jefe y desde entonces ocupa ese puesto.

-¿Es inspector vocacional o se trata de un escalón profesional?

-El colectivo de inspección se considera un eslabón base en la carrera docente. Entonces, hay gente que trabaja aquí por una cuestión vocacional y gente que lo hace por ascender en su carrera. En mi caso se debe a una mezcla de vocación y querer cambiar de actividad. He tenido la suerte de poder cambiar de actividad para no anquilosarme en ningún sitio. Empecé como profesor y después fui jefe de estudios en un instituto, director del mismo centro durante varios años, trabajé como jefe de servicio en la Consellería de Educación para la reforma de la Formación Profesional y finalmente en Inspección.

-¿En qué consiste el día a día de un inspector de Educación?

-El trabajo fundamental es visitar centros educativos y esto responde a varios objetivos. Por un lado se busca realizar un seguimiento sobre el terreno sobre cómo se está desarrollando la actividad educativa, así como la comunicación directa con todos los miembros de la comunidad intentando facilitarles el trabajo. Para hacerse una idea de la magnitud, los datos de 2017 reflejan que se realizaron ochocientas visitas a centros de toda la provincia. Una media de dos o tres visitas semanales por inspector. Por otro lado, aquí también desarrollamos actividades de carácter más administrativo y de atención a las personas que nos visitan. Hacemos también la planificación de algunos programas educativos, así como el seguimiento y la evaluación de los mismos, lo que nos lleva a tener que realizar numerosos informes. También garantizamos que los profesores y trabajadores de los centros tengan, y conozcan, una pauta para actuar en aquellos casos en los que se puede dar un caso de acoso escolar. Además, nuestra planificación y horario están sujetos a posibles contingencias que puedan surgir en los centros. Se nos asocia mucho con una actividad principalmente punitiva y lo que más hacemos es supervisar y controlar, entre otras cosas porque los centros tienen cada vez más autonomía.

- ¿Cómo se distribuye la plantilla de inspectores en Ourense?

-Para la provincia de Ourense hay asignados un total de quince inspectores. Aunque en este momento estamos trece por jubilaciones. El territorio está dividido en catorce subsectores de inspección, lo que ocurre es que la capital tiene mucho peso en comparación al resto de comarcas. Así que cada profesional tiene asignadas una parte de los centros de la capital y otra parte de una zona geográfica de la provincia. Intentando así que cada zona tenga un único inspector de referencia que permita dar una respuesta homogénea a los problemas que pueda haber en esa zona.

- ¿Qué requisitos se necesitan para acceder a la inspección como profesional?

- Seis años, mínimo, como funcionario de carrera en alguno de los cuerpos docentes y estar en posesión de la titulación universitaria. Una vez que se cuenta con eso, es necesario superar una oposición en la que hay tres exámenes eliminatorios en los que el candidato tiene que demostrar conocimientos pedagógicos, administrativos y de legislación. Y

superada esta fase se llega a la de concurso en la que se valoran los méritos profesionales tales como si se ha pertenecido al equipo directivo de algún centro o si se tienen publicaciones.

-¿De todos estos años qué ha sido lo más y lo menos gratificante como inspector?

- Creo que lo más gratificante es ayudar a resolver problemas. Porque aquí no solo vienen los directores de los centros. En ocasiones vienen los propios padres a pedirnos ayuda. Y lo menos gratificante es un trabajo que, afortunadamente, tenemos que hacer pocas veces y que consiste en abrir procedimientos disciplinarios contra el profesorado u otros funcionarios de la enseñanza.

«En Ourense también se dan casos de acoso pero no es habitual que sean graves»

La provincia enfrenta varios retos en las aulas, entre los que están la pérdida de población en el rural y el acoso escolar, cada vez más habitual.

- ¿Hay más casos de acoso escolar o es que los visibilizamos más que hace años?

- En Ourense hay casos de acoso pero afortunadamente no es habitual que sean graves. Y sí que es cierto que la sociedad está más sensibilizada y se han tipificado como acoso ciertas conductas que en el pasado no tenían esa consideración.

-¿Cuál es el protocolo establecido por la Xunta cuando se detecta o denuncia un caso de este tipo?

-Lo primero que se hace es comprobar que realmente se está dando un caso de acoso, bien sea porque el menor lo denuncie a algún docente o en su casa hayan detectado un comportamiento inusual que pueda ser consecuencia del acoso. En función de la gravedad de los hechos se le da distinto tratamiento. En algunos casos con medidas educativas y diálogo se puede corregir, pero en los casos más severos se recurre a las normas contempladas en el plan de convivencia con decisiones de carácter disciplinario y manteniendo informados a los progenitores de ambas partes.

-¿Cómo está la situación en los centros educativos rurales ahora mismo?

-Como ya se sabe se está perdiendo población y se ha llegado a tener que cerrar algún centro por falta de alumnos. No se nota tanto en los institutos, porque hay menos que colegios y suelen estar ubicados en las cabeceras de comarca recogiendo a los alumnos de los alrededores. El descenso de la natalidad se nota más en la zona de Trives y la Baixa Limia. Y lo peor es que desde el ámbito educativo poco podemos hacer para frenar la situación, si es que se puede solucionar.

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«Se nos asocia mucho con lo punitivo y lo que más hacemos es supervisar»