La madre del gallego muerto en Siria: «Samuel estaba en el lado bueno y murió haciendo lo que quería, ayudar»

Tenía que volver el 23 de enero, pero la ofensiva turca se lo impidió, cuenta

Samuel Prada León en unas imágenes cedidas por su familia
Samuel Prada León en unas imágenes cedidas por su familia

ourense / la voz

Samuel Prada León, el ourensano de 24 años que murió el 10 febrero en el norte de Siria durante un ataque del Ejército turco a la región de Afrin, decidió voluntariamente ir a esta zona en guerra para ayudar a la gente, después de ver su sufrimiento, primero a través de los medios de comunicación y después en persona en un viaje a la zona. Lo dice su madre, Beatriz Prada, desde Andorra, donde está realizando los trámites para poder recuperar el cuerpo de su único hijo.

«Lo suyo era la ayuda humanitaria. Estuvo una semana allí y dijo que regresaría, porque aquella gente necesitaba personas que le ayudaran. Le daban pena las madres y los niños. Vino consciente de que quería volver», relata Prada. Después de su primer viaje a territorio sirio, aún tardó unos meses en regresar debido al complicado papeleo para conseguir la documentación y el visto bueno para viajar a un lugar al que «no es fácil ir».

Se fue el 23 de julio y la estancia prevista era de seis meses. Una vez allí siguió un corto entrenamiento de un mes en un campamento militar antes de enrolarse en las filas de las YPG (Unidades de Protección del Pueblo), el grupo guerrillero kurdo que se enfrentó a los yihadistas del Estado Islámico hasta liberar en octubre Raqa, la capital del califato. No tenía experiencia militar, como relató a Efe Simon de Monfort, otro español enrolado en una milicia kurda, pero luego de pasar por Sinyar (Irak) y el frente de Deir al Zur, se trasladó a Afrin donde le pilló la ofensiva del Ejército turco.

Su madre esperaba su regreso el 23 de enero, cumplidos los seis meses previstos. Pero, tres días antes «los turcos empezaron a bombardearles y ya no pudo salir», lamenta la progenitora. Beatriz Prada cree que su hijo se movilizó únicamente por cuestiones humanitarias y no por razones políticas, aunque había manifestado opiniones contrarias al Estado Islámico y a los yihadistas. «Samuel estaba en el lado bueno y me queda en la mente que murió haciendo lo que quería hacer: ayudar. Murió defendiendo los valores de las mujeres y de los niños, que es algo bonito», se consuela la madre.

Ella intentó disuadirle, pidiéndole que se enfocara en colaborar con oenegés. «Si te pasa algo ¿cómo te voy a buscar ahí?», le decía para intentar convencerle. Desde que trascendió la noticia de la muerte -el pasado fin de semana- la madre está realizando trámites en el consulado español en Andorra, a través de París o de las organizaciones kurdas para poder recuperar al menos sus restos mortales.

El joven creía que desde aquí no se podía ayudar. No es el único europeo que piensa lo mismo; como Samuel Prada había, y hay, otros muchos occidentales no vinculados originariamente a la causa kurda o al conflicto civil en Siria que están luchando allí. Junto al ourensano, que ha sido el primer combatiente español que perece en la guerra siria, murieron en el ataque kurdo un holandés y un francés. De hecho, cree Beatriz Prada, si hubiera vuelto a descansar tras los primeros seis meses, Samuel hubiera regresado de nuevo a Siria. «El que va a hacer su trabajo humanitario allí, necesita volver», sostiene.

La familia, tanto desde Ourense como desde Andorra, estuvo siempre en contacto con él, hasta dos días antes de su muerte. «Decía que estaba contento, que estaba bien, que hacía lo que quería. Le preguntaba si necesitaba dinero y decía que allí eso no tenía valor», detalla la madre.

Primeros años en Galicia

El joven se trasladó con seis años desde Ourense capital, donde nació el 6 de septiembre de 1993, a Andorra, donde trabajaba su madre, que actualmente regenta dos locales de restauración en los que también trabajó Samuel después de completar sus estudios en los colegios Sagrada Familia y en el instituto Margineda.

A Ourense volvía de chico a pasar los veranos con su abuela, a la que estaba muy unido y que aún no sabe lo ocurrido. De mayor, también estuvo varias veces. Su nombre de guerra en las YPG era Baran Galicia (lluvia Galicia).

Su muerte ha sido un choque para sus amigos de Andorra, que recuerdan su bondad y su espíritu humanitario. Los amigos le han organizado un funeral para este sábado al mediodía en la localidad andorrana de Escaldes-Engordany, pero la madre espera hacer también algo familiar en Ourense. «Samuel tenía otros valores en la vida, no era superficial ni consumista, no le daba importancia a la ropa de marca ni siquiera le gustaba mucho hacerse fotos», describe su madre.

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