«Al ecologismo se le relaciona con el ?No a...? pero a nosotros nos gusta el sí»

Víctor Barro preside desde Ourense, Amigos de la Tierra España


ourense / la voz

Víctor Barro es desde 2008 el presidente de Amigos de la Tierra España. En Ourense, adonde vino a estudiar Ingeniería Agrícola - nació en Suiza-, se inició en el movimiento ecologista. En 2007 presidió Amigos da Terra Galicia, con sede en la capital ourensana, y en el 2008 empezó a asistir a las asambleas a nivel estatal e internacional. No pasó demasiado tiempo y se convirtió en vicepresidente de la organización, desde donde empezó a «aprender, aprender y aprender», como él relata, su funcionamiento. Y un año después se convirtió en el presidente del movimiento ecologista en España. Un cargo que dirige desde su casa en Ourense, aunque le suponga tener que viajar de forma continua. «Llevando tanto tiempo se puede decir que ya estoy de salida y que corresponde un relevo», afirma, aunque no pone fecha. Víctor Barro es de profesión fotógrafo -su puesto en la organización no es remunerado- y cree hay mucha gente joven que quiere hacer cosas y ya está empujando. A lo largo de su presidencia ha aprendido, entre otras cosas, que «todo hay que tomarlo con tranquilidad. Todos los procesos llevan un tiempo». Lo afirma cuando se le pregunta por los pasos dados por el ecologismo en la última década.

Ha vivido en persona citas vitales para el futuro medioambiental como las cumbres del clima de Copenhague o París y en la ONU siguiendo procesos internacionales. Aunque es consciente de que el mensaje final no llega al ciudadano del común, y que detrás de estas citas hay muchos intereses económicos, dice que son muy importantes. «La gobernanza mundial está en manos de muy poca gente. Creo que en la medida en la que nosotros nos acerquemos y seamos capaces de estar allí, esa gente se va a preocupar más por responder ante sus sociedades. Se trata de impulsar, ya que al final los gobiernos son el espejo de las sociedades. Son espacios que, cada vez más, son capturados por intereses económicos. Pero en la medida en que miremos para otro lado, como sociedad, se agravarán», explica. Y añade, respecto a la situación en España: «No vivimos en una sociedad con un gobierno corrupto, sino en una sociedad que es corruptible». Eso sí, es consciente de que cosas buenas y malas hay en todas partes.

Sobre la provincia ourensana, Víctor Barro lo tiene claro: «El rural ourensano tiene un gran potencial. Tenemos unos espacios naturales extraordinarios, un medio rural muy disperso con peculiaridades únicas que se pueden aprovechan. Es necesario fijar población. Esto tendría que ser una prioridad absoluta». El fallo, afirma, está en la inexistencia de una política forestal coherente que repercuta en las personas que viven en el rural, que les beneficie a largo plazo. «En el turismo tenemos potencia. No creo en el masificado, pero hay alternativas como ya ocurre en Asturias, Cantabria o el País Vasco, para que el futuro de las personas que viven en el rural sea esperanzador», relata. También habla de la capital, concretamente de la movilidad y de la incapacidad de los tres últimos gobiernos locales de poner en marcha un plan que permitiría transformar Ourense en un lugar amable con las personas. «La mejora en la calidad de vida sería tan sustancial que habría un antes y un después», subraya.

En cuanto a la salud de la organización que preside, Víctor Barro explica: «Siento que el vaso está medio lleno y no medio vacío. Somos una organización más fuerte y conocida, consolidada. Tenemos unas campañas más definidas que las que teníamos en el 2005 o 2004. Nos hemos convertido en una organización capaz de aportar alternativas. Eso es algo de lo que me siento orgulloso. Al ecologismo se le relaciona con el ‘No a...’ pero a nosotros nos gusta el sí». Las malas experiencias las ha convertido en aprendizaje vital. Aunque no de forma activa y quizás poco consciente, cree que la sociedad ourensana es «una población que vive muy vinculada a la tierra y al rural. Conocemos la diferencia entre producto local y el que no lo es. Esa es una ventaja. Sin querer o pretender ser ecologistas, contribuimos a un modelo o sistema comercial más justo, social e igualitario. A lo mejor mucha gente no respondería que es ecologista, pero en sus actos, en su día a día, es más que otros. Lo que falta es conciencia y cultura medioambiental». Todos somos un poco ecologistas, dice, aunque afirma que todavía no es suficiente, que queda camino por andar.

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