Estudiantes ourensanos arreglan portátiles para escuelas sin recursos

El CIFP A Carballeira es el único centro gallego dentro de la iniciativa Labdoo


ourense / la voz

Tres son los objetivos que tienen en el CIFP A Carballeira tras haberse sumado a la red Labdoo (www.labdoo.org). El primero es que todo el mundo que necesite un ordenador pueda acceder a él, aunque sus ingresos no se lo permitan a priori. El segundo, luchar contra la obsolescencia programada. Y el tercero, aunque no por ello menos importante, aprender.

«El proyecto recoge todo tipo de equipos, tabletas, ordenadores de mesa o portátiles pero nosotros preferimos centrarnos, en principio, con estos últimos porque son más fáciles de transportar y porque lo que se busca también con esta iniciativa es un coste nulo», explica Juan José Lorenzo, uno de los tres docentes que forma parte del programa. Ana Belén Araújo y Diego Garrido son los otros profesores que supervisan y organizan el trabajo de los alumnos del ciclo de grado medio de Sistemas Microinformáticos y Redes que, voluntariamente, dedican su tiempo libre a acondicionar equipos.

«Nos enteramos de la iniciativa a través de una asociación de profesores de informática y al ver que en Galicia no hay ningún Hub -como se denomina a los puntos de recogida y arreglo de equipos- decidimos implicarnos», cuenta Juan José sobre cómo empezó todo.

Se trata de un proyecto que ideó en el año 2010 Jordi Ros, ingeniero informático catalán, cuando trabajaba en la Universidad de California (EE. UU.). Desde entonces más de 8.000 portátiles han sido entregados en colegios de Vietnam, Venezuela, Uganda, Tailandia, Nueva Zelanda o Siria y la lista sigue hasta un total de 120 países.

Cuando llega un portátil lo primero que se hace es registrarlo con un código de identificación, dándolo de alta en la plataforma, para que todo el que entre en Labdoo sepa que hay un nuevo ordenador en proceso de revisión. «Una vez arreglado el hardware, si hay algún desperfecto, se pasa al software y se hacen varios borrados del disco duro. Después instalamos el sistema operativo Ubuntu, que distribuye Linux, para que sirva tanto en equipos relativamente nuevos como en aquellos con más años», aclara Diego Garrido. Además, la iniciativa sirve para dar opciones más allá de la obsolescencia programada. Entender que, a veces, un ordenador se puede arreglar y tener usos variados. «Lo grave de todo esto es que son portátiles totalmente válidos y en nuestra sociedad los desprestigiamos por completo a medida que van pasando los años o se estropean», añade el docente.

Los equipos viajan -los donantes pueden hacer seguimiento del portátil en cada momento- aprovechando trayectos de empresas o personas. «Si alguien tiene pensado ir en coche o furgoneta de un sitio a otro y consulta la plataforma, a lo mejor coincide en que puede trasladar equipos hasta un Hub o entregarlos en su destino final, aportando su granito de arena», comenta Juan José. Y no hace falta cambiar de país para atender necesidades ya que en España hay oenegés y centros que también reclaman ordenadores -algo que se puede hacer desde la misma plataforma-.

Cualquier donación se recibe con los brazos abiertos puesto que, si el software de algún equipo resulta irreparable, sus componentes externos -pantalla, teclado o disco duro- puede que sí sean reutilizables.

«Sientes que tu tiempo merece la pena para aquellos que no pueden costearse un portátil»

«Yo me ofrecí porque me gusta trastear en los ordenadores y, según lo que ya hemos arreglado, he comprobado que también me sirve para aprender más allá de la teoría o práctica que tenemos en clase», afirma Sabela Matías, estudiante del ciclo.

El mismo motivo de aprender, sumado a ofrecer su tiempo para una causa justa, tuvo Dyland Alpide para involucrarse en el proyecto. «Me parece una iniciativa muy noble visto desde cualquiera de sus perspectivas, tanto la solidaria como la medioambiental», apunta tímidamente otro de los alumnos que arregla equipos. Y su compañero de clase, Roberto Sousa, añade: «Sientes que tu tiempo merece la pena por aquellos que no pueden costearse un portátil nuevo».

«Yo me matriculé en este ciclo porque quería ser capaz de poder arreglar yo misma mi ordenador y que mis hijos aprendan que no todo es comprar y tirar. Esa idea hay que desecharla cuanto antes», relata María Elena Ibáñez, estudiante del centro.

El profesor Diego Garrido señala que conocer el uso final que se dará a los portátiles supone un aliciente para los alumnos. «Empiezan a acondicionar un equipo y a manejar sus piezas sabiendo que sus prácticas van a tener una utilidad. Y también es bonito ver las fotos que después se suben a la plataforma de los niños con los ordenadores en sus colegios aprendiendo», incide.

Todo el que lo desee puede contribuir a la causa con algún portátil. Tan solo hay que acercarse hasta el centro y dejarlo en conserjería, explicando que se trata de una donación para Labdoo, o llamar al 988788470.

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