«Éramos el primer parapeto del sistema y la gente se enfadaba con nosotras»

En el año 1997 Neli Reza comenzó a trabajar en el servicio de citación telefónica del hospital


ourense / la voz

Neli Reza pertenece a esa parte de la sanidad que no tiene rostro visible para el ciudadano pero cuyo trabajo es esencial para que el sistema funcione. Buena parte de su trayectoria profesional estuvo vinculada a la unidad de citación telefónica, dependiente del servicio de Admisión. Formó parte de la plantilla encargada de dar fecha a los pacientes que necesitaban acceder a la consulta de los distintos especialistas. Una tarea que, según confiesa, le ha proporcionado «momentos agradables, incluso divertidos», y otros no tanto. «Yo siempre digo que la gente es muy buena. En general es buena y muy paciente, porque es cierto que a veces hay cosas que cuesta digerir y hay que tener mucha paciencia para no explotar», matiza.

Le tocó aguantar algunas de esas explosiones pero dice que nunca se lo tomó como una afrenta personal. «Éramos el primer parapeto del sistema y la gente se enfadaba con nosotras. Algunos descargaban pensando que hablaban con la propia doctora o con la enfermera de su consulta y no valía explicarle que nada podíamos hacer si las agendas estaban cerradas. La verdad es que, poniéndote en el caso de algunos, sobre todo cuando te encontrabas por ejemplo a gente para cardiología que necesitaba una cita con cierta urgencia, solo podías pensar que tenía razón. Entendías el enfado»

Pero Neli Reza también recuerda llamadas graciosas, en las que el ciudadano hacía gala de ingenio y de buen humor. «Incluso a veces te sorprendía, porque tú esperabas alguna mala contestación y sin embargo la gente respondía con toda amabilidad y educación», dice. De su paso por ese servicio valora, además, que le permitió conocer al dedillo la geografía provincial: «A cada especialista le correspondía una zona, así que cuando alguien nos llamaba para pedir vez teníamos que colocarlo en la lista del profesional al que estaba asignado. Sobre todo al principio había un montón de pueblos que no te sonaban», explica recordando que algunos municipios tenían más de un consultorio médico en distintos pueblos. «Éramos el único departamento que daba cita para toda la provincia y para todos los especialistas de los tres edificios que todavía eran independientes en su funcionamiento: el Nai, la residencia y el propio Centro de Especialidades», cuenta.

Antes de pasar a la unidad de citación, Neli trabajó en el departamento de lavandería. Aunque tenía el título de auxiliar de enfermería, se presentó a las oposiciones que en el año 81 le permitieron ocupar una plaza en ese servicio. «Creo que me influyó que era un espacio muy familiar para mí. Conocía a todo el mundo porque mi madre había trabajado allí. Las habían trasladado desde la residencia vieja, la de Progreso. Recuerdo que cuando salía de clase en el colegio Sueiro pasaba a verla. Tengo muchas imágenes de infancia ligadas a ese entorno», cuenta. De hecho recuerda perfectamente la dureza del trabajo que realizaban aquellas mujeres en el centro de la ciudad. «La verdad es que no sé como no se murieron. Lavaban a mano, con agua fría, en unas tinas enormes. Las primeras lavadoras que ellas conocieron fue cuando vinieron para aquí», apunta.

De su trabajo en lavandería, Neli guarda una de las anécdotas más impactantes de toda su trayectoria profesional. Un suceso del que se hizo eco la prensa. «Estábamos sacando la ropa de una lavadora enorme entre yo y otra compañera cuando de repente empezamos a ver trozos como de carne. Al tirar por una sábana encontramos una pierna envuelta. Al parecer en quirófano se habían equivocado, dejaron la pierna envuelta en una sábana y en vez de ir al crematorio acabó en el saco de la ropa sucia. Fue una impresión tremenda», recuerda.

La privatización del servicio de lavandería coincidió en el tiempo con el arranque de la unidad de citación telefónica en el Centro de Especialidades, a donde fue derivada. No le costó el cambio. «Descubrí que me gustaba el trato con la gente, aunque fuese a través del teléfono».

Dentro de las muchas anécdotas en el servicio de citación, Neli confiesa que lo que más le ha marcado ha sido encontrar soledad al otro lado del teléfono. «Había gente que empezaba a contarte cosas de su vida; personas mayores que te confesaban directamente que se sentían solos, que había fallecido su marido o su mujer hacía poco y sentían mucho vacío y que te pedían perdón por contártelo. Me he encontrado a gente muy sola, con verdadera necesidad de hablar con alguien», relata. Para las operadoras, según narra esta profesional, eran los momentos más complejos. «Tenías una lista enorme de personas a las que llamar para citar y era importante que contactaras con ellas, pero tampoco te daba el corazón para colgar. Yo nunca pude hacerlo, ni creo que ninguna de las que estábamos allí», cuenta.

Quién es 

Neli Reza Álvarez nació en el barrio de A Ponte en el año 1952. Comenzó su trayectoria laboral en el hospital ourensano (hoy CHUO) en 1981 y tras 36 años de actividad, se jubiló el pasado mes de agosto.

Su rincón

No duda en elegir el entorno del complejo hospitalario. Se siente especialmente vinculada al lugar que llegó a conocer antes de que se construyese el edificio Cristal. «Todo esto era un monte con unas cuantas casitas pequeñas. Yo recuerdo subir caminando desde el jardín del Posío a finales de los sesenta, cuando estaban aún con las obras», cuenta. El espacio hospitalario tiene para ella recuerdos anteriores a su propia trayectoria laboral, ya que su madre trabajó también en el servicio de lavandería.

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