Resulta que había que educarlos


Intolerancia a la decepción, a la frustración y a la autocrítica. Así define, de forma certera, a parte de la juventud el abogado ourensano Albino Ferreira que en estas mismas páginas habla hoy de jóvenes, de delitos y de educación. Sobre todo de la importancia de la educación. Resume en una frase, con la experiencia que le da su trabajo diario, una realidad a la que se enfrentan muchos padres, algunos sin querer y otros por voluntad propia. Nadie dijo que fuera fácil tener hijos (en realidad tenerlos es fácil, lo difícil es educarlos) pero se ve que hay quien se lo cree y, por dejación o por fijación, va construyendo un niño (un joven mañana, un adulto pasado mañana) sin valores y sin principios, probablemente porque esos padres tampoco los tienen. Y ahí estamos al final, los que nos equivocamos y a los que les da igual equivocarse, conviviendo todos juntos. Menuda faena.

No hace falta ir al extremo del chaval que acaban cometiendo un delito ?dice Ferreira también que no cree en delincuentes en potencia con 18 años sino en jóvenes a los que se les puede ayudar a no recaer? para darse cuenta de que algo no se está haciendo bien. No tiene más que darse una vuelta por cualquier cafetería de Ourense ?no hace falta que vaya en horario infantil; hay niños que están en los bares cuando tendrían que estar durmiendo? para ver algunas muestras de mala educación (o de educación ausente) o pasar por las galerías del Parque para ver cómo se hablan entre sí los adolescentes. Que esa es otra, uno de cada tres, en esa edad, ve normal que su pareja lo controle. Madre mía.

Dicen que cualquier persona, en la vida, debe plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. No estoy segura de que esas tres cosas sirvan para dar la existencia por justificada pero, por si alguno se lo toma al pie de la letra, no vendría mal actualizarlo. Porque claro, tú puedes escribir un libro y que sea malo; puedes plantar un árbol y que se seque; pero no deberías tener un hijo y después, mirándolo a la cara unos cuantos años más tarde, exclamar: «Resulta que había que educarlo».

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Resulta que había que educarlos