«Necesitamos encontrar familias dispuestas a acoger a bebés»

Algunos hogares están haciendo doblete para atender al incremento de casos

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ourense / la voz

En el servicio de Familias Acolledoras de Cruz Roja, en el que se buscan hogares temporales para menores tutelados por la Xunta, están preocupados por un inusual número de derivaciones de bebés en un plazo corto de tiempo. Desde primavera han recibido siete, y los tres últimos han llegado en un plazo de quince días. «Estamos preocupados porque este perfil de menores, al igual que ocurre con los adolescentes, son siempre los más complicados para encontrar hogares de acogida. En el caso de los adolescentes, por esos prejuicios de la edad; y en el caso de los bebés porque, sobre todo si son muy pequeñitos y no pueden ir a la guardería, supone que al menos un miembro de la familia debe tener total disponibilidad. Y eso no es fácil de encontrar», señala la psicóloga del programa, Sonia López Seoane.

Esos siete bebés -se consideran como tal los que tienen entre cero y tres años- derivados en los últimos meses al servicio de Cruz Roja ya están siendo acogidos por familias ourensanas «aunque tenemos alguna que está haciendo doblete porque ya tenía otra niña algo más mayor», explica la técnico del programa. «El problema es que nos estamos quedando sin familias que encajen con ese perfil y de ahí el llamamiento que hacemos porque necesitamos con cierta urgencia encontrar más hogares solidarios dispuestos para futuras derivaciones que pueden llegar cualquier día», matiza.

La urgencia viene dada porque no se puede entregar a un niño sin que los acogedores hayan pasado por un proceso previo de evaluación que incluye una etapa de formación y una amplia entrevista personal para evaluar su idoneidad y que entiende los términos del compromiso que asume.

Desde el programa de Infancia y Familia que gestiona este servicio recuerdan que el acogimiento es un acto de solidaridad y altruismo «que busca el bien del menor, proporcionarle un mejor entorno que la institucionalización en un centro». La estancia en el hogar de acogida es siempre temporal y nada tiene que ver con una adopción. De hecho muchos de esos menores tienen familia a la que regresarán cuando se solvente la razón por la que se estimó oportuno la tutela institucional y otros están a la espera de pasar a adopción.

Aunque se ha dado algún caso de niños que acaban cumpliendo la mayoría de edad en la familia de acogida y eligen seguir vinculados a ella, eso no ocurre con los bebés. Las estancias pueden ser como mucho de dos años, aunque algunos están solo unos pocos días o semanas. Los bebés de renuncia -se denominan así porque los progenitores renuncian a él- pasan directamente al proceso de adopción, que suele cerrarse en torno a los dos meses. Pero también hay otros casos. «Estos siete últimos, por ejemplo, eran bebés también recién nacidos prácticamente pero todos tiene plan de trabajo», señala López Seoane.

Ese término implica que el menor permanece con la familia de acogida «mientras la biológica no va avanzando en ese plan con el que se evalúan los avances que hacen para demostrar que son capaces de atender a las necesidades de su bebé y solventar las cuestiones que provocaron su separación. Eso pueden ser unos meses, un año, o como máximo dos», matiza la psicóloga.

Sonia López recuerdan que cualquier familia puede convertirse en acogedora. «No importa el tipo, ya sea monoparental o no, tengan o no tengan hijos en casa, la edad de la persona dentro de lo razonable... Lo único importante es que tenga ese sentimiento de querer ayudar y proporcionar a estos niños que no están teniendo un inicio fácil en la vida, un entorno con cariño y que pueda proporcionarle los cuidados que necesite mientras esté con ellos», dice. También recuerda que cualquier familia, viva en el lugar de la provincia que viva, puede formar parte del banco de hogares acogedores de la Cruz Roja ourensana.

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