Estarán al tanto de que el nuevo curso escolar ya ha comenzado. Imposible no estarlo. Desde hace algunos días se suceden en los medios de comunicación las noticias sobre la llegada de los estudiantes a los distintos niveles de enseñanza o sobre lo caro que resulta para los padres afrontar la cuesta de septiembre cuando tienen uno o varios pequeños en casa. Son, casi siempre, asuntos que se repiten, y casi parece que cada inicio del año escolar vivimos una especie de déjà vu, como si esto que está pasando ahora ya hubiese ocurrido hace doce meses.
Tampoco hay demasiadas novedades en lo relativo a la oferta de plazas públicas que se ofrecen en los distintos niveles educativos y en las distintas localidades de la provincia. En el caso de las escuelas infantiles, un año más se confirma que las vacantes que se ofertan en la capital no son suficientes para cubrir la demanda, mientras en muchas localidades de zonas rurales hay más oferta que necesidades. Porque a pesar de que hace años que los centros de la red pública de guarderías de la capital se quedaron cortos para hacer frente a las necesidades de los padres ourensanos, la administración parece incapaz de mostrar flexibilidad y evitar que sobren puestos en unos municipios mientras no llegan en otros.
En una provincia en la que la natalidad lleva años a la baja, resulta difícil entender que pasen estas cosas; que los centros privados sean los únicos que ofrezcan la posibilidad a muchos padres de poder conciliar vida laboral y familiar. Pero seguramente esto también es lo de siempre. La administración, por un lado, y la sociedad, por otro.