Emigrantes retornados


Cuando el marido de Carmen Bolaño Vázquez estaba a punto de morir, le explicó que, gracias a su trabajo en una empresa pública de transportes en Suiza, su familia tendría derecho a usar las propiedades de la compañía para hacer turismo por el país. Ella, que ahora es la portavoz de la plataforma de emigrantes retornados en Ourense, cuenta la historia con fascinación porque, efectivamente, después de fallecido su esposo, viajó junto a su hijo a Suiza y se presentó en las oficinas de la empresa sin demasiada convicción de que la historia que su marido le había contado pudiese ser real, sobre todo después de haber pasado tanto tiempo. Sin embargo, así fue. Al llegar allí se desvivieron en atenciones hacia ella y pusieron a su disposición todo lo que necesitaba para disfrutar de una buena estancia en Suiza.

Es una de tantas historias que aquí llaman la atención porque nos parecen inverosímiles. Los mismos ourensanos que en la diáspora pueden disfrutar de ese tipo de beneficios, en Galicia son perseguidos por la tributación de sus pensiones. Carmen Bolaño ha decidido dedicar su vida a ayudar a quienes, como ella, tuvieron que emigrar en busca de una vida mejor y ahora ven cómo corre peligro el (en muchas ocasiones, poco) dinero que hicieron en el extranjero.

Ella volvió, pero quizás los cientos y cientos de jóvenes ourensanos que en estos momentos están siguiendo el mismo camino de la emigración no quieran volver nunca. Y, viendo cómo tratamos a los que ahora son pensionistas, quizás tengan razón. Nos falta memoria y justicia.

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