Los microrrelatos del taxidermista

El artista Xosé Vilamoure expone sus colajes en la galería Basquiart de la capital ourensana

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ourense

«El papel del artista es hacer preguntas, no responderlas». Antón Chejov.

Xosé Vilamoure presenta en Basquiart, espacio multidisciplinar dirigido por el artista y grafitero Abraham Caride una espléndida selección de obras que amplían las magníficas series Residuas & Collages, A través de la creación como dopamina, Vilamoure se expresa como el neurotransmisor que en la sinapsis nerviosa transmite los impulsos, pensamientos y emociones a través de la integración, yuxtaposición y reserva de los elementos constitutivos de la obra que estructuran las masas que componen el magma creativo, los elementos no pictóricos y los plásticos de Residuas, materiales, náufragos abandonados en el estudio que encuentran un sentido como fondo que estructura originariamente las anatomías que surgen bajo ríos de cola. Del caos a un cosmos anárquico, irónico, crítico e imaginativo, extraño, caprichoso. Experimentos de un lenguaje formal distorsionado, microrrelatos fragmentados, retratos y formas increíbles que emergen desde la pasta pictórica con rigor de escultura en un escenario dramático en el que se relacionan los protagonistas de un bestiario imaginario de criaturas inquietantes y voraces, de ternura o crueldad explicita, en los seres mixtos o múltiples y los animales de extremidades hipertrofiadas o autónomas que en su hambre infinita juegan con la muerte o con la vida de los que devoran.

Residuas integra mediante la textura que unifica estas presencias, tapaderas de botes de pintura, pinceles viejos, telas, cables, alambres, bolsas… que construyen una nueva realidad, un nuevo significado a los objetos que cambian su utilidad para convertirse en piezas del puzle artístico en su nuevo concepto expresivo, ajeno al contexto anterior, artefacto independiente. Sus manchas, chorreos, salpicaduras son el entramado físico de una estructura vital en una pintura all over que se articula sobre el esqueleto orgánico de material de reciclaje y un dibujo que organiza la imagen agrupando los elementos de trazo temperamental y grueso, e inspiración expresionista que dialoga en su amalgama de historias con los espacios en blanco del vacío y los estarcidos con plantilla, reproduciendo un técnica propia del Art Graffiti en su discurso contemporáneo que dota de vitalidad, dinamismo y tensión a las formas que la imaginación alimenta.

Figuras antropomorfas y animales imposibles interpelan al espectador con sus miradas desconcertantes. En la «cocina» de las Residuas, Vilamoure plantea un análisis lingüístico pero en los procesos de desestructuración del código pictórico adquirido desmonta el planteamiento estanco de arte tradicional en la autonomía de los signos, expresión de múltiples referencias contemporáneas, posvanguardistas y ecos primitivistas que expresa a través de este imaginario como propio capital cultural que escribía Bordieau. Para esta expansión del plano figurativo por la superficie plástica, desplaza la representación al plano de la presentación en la fisicidad de los elementos constitutivos que se distorsionan con el reconocimiento de la forma, con la integración de color y dibujo que hace emerger los cuerpos descubiertos mediante el Trompe-l-oeil. El elemento real disloca la atención que la ilusión integra en el contexto narrativo, desplazando el plano visual al plano conceptual.

Existen en estos colajes que plantean desafíos intelectuales, referencias del arte póvera, una querencia brutalista y matérico, un esquematismo infantil con refinamiento de artista mental como Dubuffet. El aliento lúdico, onírico y sexual traslada al surrealismo y dadaísmo. El mito planteado por Vilamoure reconcilia la paradoja de Kosuth sobre ambivalencia contemporánea y carácter póstumo de la pintura pasando de la ventana renacentista a la tela por la que la pintura resbala.

Territorio referencial del soporte-superficie con las connotaciones existenciales del arte de la materia. Un arte de sedimentación de experiencias vividas y una dinámica performativa en la que interviene el gesto, el anhelo de lo inanimado por cobrar vida, en la accidentabilidad de la pintura para lograr un imaginario ciberpunk de figuración perversa como Jorge Galindo desde el colaje, en las superficies erosionadas de José María Sicilia y Barceló. El entusiasmo dramático del Informalismo para un estudio claustrofóbico del ser humano. Sus procedimientos pictóricos reproducen un virtuosismo técnico paradójicamente antipintura. El gesto remite al cuerpo como territorio nómada y supera al sujeto representado frente al caos de la pintura como existencia.

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