Una persona


Hay un aspecto que me llama la atención en el lío de argumentarios y declaraciones que se ha montado a raíz de la falta de recursos de la Concellería de Benestar Social para seguir funcionando hasta fin de año. Es el hecho de que las facturas pendientes pagadas este año -y que, según el gobierno local, es lo que restó los fondos necesarios a la caja de ese departamento- no se pudieran saldar antes de finalizar el anterior ejercicio porque la persona que debía firmar esos pagos estaba de baja tras una intervención quirúrgica justo en los días que hubo de margen para hacerlo. No se puede cuestionar el derecho de esa persona, de cualquier persona, a la convalecencia y la baja laboral. Lo que choca es que en una plantilla de más de ochocientas personas no se pueda prever tal contingencia y designar un sustituto para asumir su tarea. Por mucho que no toda la plantilla tenga la capacitación técnica o legal necesaria, alguna habrá. Cuesta creer que cuando un alcalde está de vacaciones deje delegado a algún concejal para cubrir su responsabilidad y, sin embargo, no haya banquillo para otros aspectos tan necesarios -si no más- para evitar paralizaciones. ¿Se imaginan que una línea de autobuses dejase de funcionar cada vez que un chófer se encuentra enfermo? ¿Entenderíamos que cuando llamamos a una ambulancia nos dijeran que no puede salir porque el conductor ha sido operado, o que el colegio no abre sus puertas porque el bedel tiene gripe? Todos, en cualquier estructura, podemos ser necesarios, pero si queremos que la estructura sea eficaz y mantenga su funcionamiento con mínimas garantías, nadie debe ser imprescindible.

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